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Con unas fronteras imprecisas y atravesado por los Montes Zagros, el Kurdistán comprende una superficie de unos doscientos mil kilómetros cuadrados. Este territorio, y los alrededor de treinta millones de kurdos que lo habitan, se encuentran divididos entre cuatro Estados: Irán, Iraq, Siria y Turquía. Además, existen importantes núcleos de población kurda en Rusia, Georgia, Armenia, Azerbaiyán y Líbano y una numerosa diáspora en Europa occidental (principalmente Alemania) y Estados Unidos.

Tras el final de la I Guerra Mundial, el sueño de un Kurdistán unido e independiente estuvo más cerca que nunca. Los catorce puntos del presidente Wilson contemplaban la autodeterminación del pueblo kurdo y el Tratado de Sèvres, firmado con las autoridades otomanas por las potencias europeas vencedoras (excepto Rusia) preveía la creación de un Estado kurdo.

Finalmente, aquél no se aplicó y Turquía logró que se firmara un nuevo acuerdo más favorable a sus intereses, el Tratado de Lausana, que fijó de forma definitiva las fronteras de la recién creada república y que puso fin a las expectativas independentistas de las élites kurdas.

Hoy, los principales partidos políticos kurdos ya no defienden la idea de un Kurdistán unido que implique la alteración de las fronteras en Oriente Medio. Han adoptado un enfoque más pragmático y cercano a la realidad cotidiana de su pueblo. Apuestan por la adquisición de una cierta autonomía política en el marco de sus Estados y ponen el acento en la igualdad de trato y en el respeto de sus derechos culturales y lingüísticos.

Mucho se ha escrito sobre los kurdos de Iraq, y también de Turquía. La campaña al-Anfal lanzada por Saddam Hussein a finales de los ochenta, la crisis de los refugiados durante la Guerra del Golfo y la actividad del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) han dado visibilidad a la problemática del pueblo kurdo en estos dos países. Menos conocida es su situación en Irán, y especialmente en Siria. Es precisamente en estos dos países donde se han producido menos avances en las últimas dos décadas e incluso, en el caso de Irán, un claro retroceso que afecta también al resto de minorías del país y a los movimientos y partidos críticos con el gobierno de Ahmadineyad.

El papel de la comunidad internacional se ha revelado fundamental en los avances que se iniciaron en el año 1991, en el caso de Iraq, y a finales de los noventa en Turquía. En Siria, la situación de los kurdos no ha mejorado en los últimos cincuenta años y llama la atención la poca atención recibida, siendo este el país donde el pueblo kurdo afronta una realidad más complicada.

Los kurdos en Turquía

En Turquía viven entre once y quince millones de kurdos, un veinte por ciento de la población total del Estado y casi la mitad de todo el pueblo kurdo. Es quizá por este motivo que siempre fueron percibidos allí como una amenaza para la estabilidad interna del país. La afirmación de la identidad kurda, sus manifestaciones culturales y el uso o enseñanza de la lengua kurmanji(1) fueron interpretados como un ataque a los valores que inspiraron la fundación de la República (secularismo y nacionalismo turco) y una seria amenaza para la unidad de su territorio.

Tras el golpe militar de 1980, la persecución de los kurdos se intensificó y en 1984 el PKK inició su lucha armada. Desde ese momento, la cuestión kurda en el país ha estado íntimamente ligada a la actividad de la organización fundada por Öcalan y tras casi tres décadas de conflicto, cada vez son más los kurdos que rechazan los métodos del PKK y que perciben la violencia como el principal obstáculo para la normalización de la situación en el sudeste del país

Durante los ochenta y los noventa, el conflicto dejó unos treinta mil muertos y entre uno y tres millones de desplazados internos. En 1999, la tregua anunciada por el PKK, la captura de su líder y la formalización de la candidatura de Turquía para la adhesión a la UE marcaron el comienzo de una etapa en la que, lentamente y no sin dificultades, han comenzado a reconocerse algunos derechos culturales, lingüísticos y políticos a la minoría kurda.

Este nuevo escenario recibió un nuevo impulso con la llegada al poder en 2002 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Erdogan aceleró las reformas económicas y políticas exigidas por la Unión Europea para la apertura formal de las negociaciones de adhesión, que se iniciaron en octubre de 2005.

Buena parte de las restricciones al uso de la lengua kurda han desaparecido. La emisión de programas en kurmanji y la utilización de esta lengua en los discursos políticos han sido recientemente autorizadas. En enero de 2009 se creó el primer canal estatal en kurdo y en julio de ese mismo año, el gobierno turco anunció un ambicioso plan para terminar con el conflicto de forma definitiva: la denominada "apertura democrática".

Este nuevo enfoque se vio golpeado por la actuación de los tribunales de justicia, que continuaron procesando a políticos y activistas kurdos, siendo acusados de terrorismo quienes, sin una vinculación directa con el PKK, manifestaban opiniones coincidentes con los postulados de la organización. A ello se unió la actitud triunfalista del PKK y el Congreso de la Sociedad Democrática (DTP)(2) ante la puesta en funcionamiento de un plan de amnistía que Erdogan quería manejar con la máxima discreción. El golpe definitivo al plan de apertura democrática llegó en diciembre de 2009, con la detención de más de tres mil activistas y varios alcaldes (entre ellos el de Diyarbakir, Abdullah Demirbas) y la ilegalización del DTP por la Corte Constitucional.

Tras las elecciones de 2011, se ha producido una escalada de violencia en el sudeste del país. El PKK ha intensificado su actividad, y los secuestros y asesinatos de oficiales, políticos y ciudadanos turcos son cada vez más habituales. Asimismo, el gobierno ha reanudado los ataques a las bases del PKK en el norte de Iraq, el último el pasado domingo 24 de junio.

Los kurdos en Iraq

En Iraq, los alrededor de 4 millones de kurdos que viven en el norte y el este del país vienen disfrutando de una autonomía política muy importante desde que en 1991 se pusiera en marcha una zona de exclusión aérea y Saddam Hussein ordenara la retirada del ejército hacia el sur, consolidándose una frontera de facto entre los dos territorios (la conocida como línea verde).

Tras la intervención estadounidense, la Constitución iraquí aprobada en 2005 apostó por un federalismo muy descentralizado como modelo de Estado y el Kurdistán fue automáticamente reconocido como región autónoma. Asimismo, el texto recogió algunas de las reivindicaciones más ambiciosas de los partidos kurdos, fundamentalmente en relación al estatuto de la provincia de Kirkuk. Situada al sur de Erbil (capital del Kurdistán iraquí), ésta alberga un 13% de las reservas totales de crudo de Iraq y, si bien cuenta con mayoría kurda (menor, eso sí, que en las otras tres provincias que integran la región autónoma), la presencia de árabes y turcomanos es también muy importante.

El referéndum para decidir el futuro de esta provincia, que según la Constitución debía haberse celebrado antes de 2007, aún no ha tenido lugar. Las promesas reiteradas del primer ministro Nuri al-Maliki no han venido acompañadas por hechos, lo que ha llevado al gobierno regional del Kurdistán (GRK) a endurecer su discurso y a poner en marcha de un plan que pretende asegurar la independencia económica de la región.

Así, en 2007, el GRK comenzó a firmar contratos con petroleras extranjeras para la realización de prospecciones en suelo kurdo, una práctica que ha sido denunciada en reiteradas ocasiones por Bagdad. Algunos de estos acuerdos, por ejemplo el alcanzado con la norteamericana ExxonMobil en octubre de 2011, comprenden áreas disputadas, lo que ha hecho crecer la tensión entre los dos gobiernos.

Mediante esta política de atraer a grandes compañías hacia las áreas disputadas, las autoridades kurdas pretenden construir una realidad sobre el terreno que no pueda ser alterada posteriormente por el ejecutivo iraquí, al contar estas empresas con el respaldo de sus propios gobiernos.

Por otra parte, dado que el único canal para la exportación de crudo a gran escala es un oleoducto del Estado que atraviesa el Kurdistán y se dirige hacia Turquía, el gobierno autónomo ha puesto en marcha un plan para construir el suyo propio, cuyo destino sería igualmente el vecino del norte, que parece haber superado su inicial oposición al mantenimiento de una región kurda en el norte de Iraq tras la invasión norteamericana.

En una entrevista con la agencia de noticias AP el pasado 25 de abril, Massud Barzani, presidente del GRK, anunció que se habían producido avances en las conversaciones con Ankara y apuntó a una posible secesión ante el clima de tensión que se vive en Iraq, con un al-Maliki que acumula cada vez más poder en el ejecutivo.

No obstante, más que una amenaza real, estas declaraciones parecen más bien un intento de presionar a Bagdad para que cumpla sus promesas sobre Kirkuk. Las posibilidades reales de que se establezca un Estado independiente en el norte de Iraq son hoy reducidas, dado que la independencia económica del Kurdistán depende en buena parte de Turquía, que acepta la autonomía, pero que difícilmente admitirá la secesión.

Los kurdos en Irán

A diferencia de lo que ocurre en Siria, Iraq y Turquía, en Irán los kurdos no son la minoría étnica más importante. Con una población que ronda los ocho millones, representan alrededor del 10% de los iraníes, frente a los turcos azeríes, que alcanzan el 25%.

Habitan fundamentalmente en el noroeste del país, en la zona fronteriza con Iraq, una de las regiones más deprimidas del país junto con el sureste baluche y, en términos generales, se encuentran poco integrados en la sociedad iraní.

Fue precisamente en Irán donde, durante algunos meses, en 1946, se cumplió por primera vez el sueño de un Kurdistán, no unido, pero sí independiente, con el establecimiento de la República de Mahabad. Tras la revolución de 1979 y la proclamación de la República islámica, la situación de los kurdos en Irán quedó muy vinculada a la cuestión religiosa, puesto que tres cuartas partes de los kurdos son musulmanes suníes.

Según Amnistía Internacional, son varios los casos de violaciones de los derechos humanos que han sufrido los clérigos suníes. Asimismo, los kurdos se enfrentan a prácticas discriminatorias para el acceso a los empleos públicos (el método de selección conocido como gozinesh), que están relacionadas, más que con cuestiones identitarias, con la práctica del islam suní.

Además de por motivos religiosos, los kurdos sufren persecución por razones políticas. Con la llegada al poder de Ahmadineyad en 2005, el acoso a la oposición se ha acentuado y, en este sentido, la situación de los partidos políticos kurdos no es muy distinta a la del resto de movimientos opositores o de defensa de los derechos humanos.

En Irán, por tanto, a diferencia de lo que ocurrió durante décadas en Turquía, o de lo que sucede ahora en Siria, no es la identidad kurda lo que se persigue, sino su vinculación a reivindicaciones de carácter político. Exceptuando ciertas limitaciones a la imposición de nombres kurdos (aquellos que incluyen términos como libertad, lucha, etc.), las manifestaciones culturales kurdas y el uso de la lengua sorani son, en general, tolerados.

Cabe mencionar, por último, que en Irán opera el Partido por una Vida Libre en el Kurdistán (PJAK), fundado en 2004, y que es junto al PKK, el segundo grupo armado kurdo que permanece activo.

Los kurdos en Siria

En Siria viven algo menos de dos millones de kurdos (alrededor de un 10% de la población total del Estado), que constituyen la minoría étnica más importante del país. Habitan fundamentalmente en el norte y noreste del país y también en ciudades como Damasco, Aleppo o Homs. De estos dos millones de kurdos, se calcula que entre doscientos cincuenta y trescientos mil carecen de la ciudadanía siria y no pueden, por tanto, acceder a la sanidad y educación públicas, tener propiedades, desempeñar actividades profesionales o moverse libremente dentro de su propio país.

El origen de esta situación se remonta al año 1962, cuando se llevó a cabo un censo en la provincia de al-Hasakah que privó de la condición de ciudadanos a unos ciento veinte mil kurdos. Aquellos que no pudieron probar su presencia en el país con anterioridad a 1945 adquirieron el estatus de extranjeros y los que no participaron en el censo o llegaron a Siria después de 1962 pasaron a ser considerados simplemente como inexistentes.

Al heredar sus descendientes la condición de apátridas, esta situación se mantiene aún hoy. Con Bashar al-Assad ya en el poder, el gobierno sirio admitió que pudieron haberse cometido errores técnicos en la elaboración del censo, pero en ningún caso cuestionó el objetivo perseguido por aquél. En 2011, el Presidente de la República, en un intento quizá por mantener a los kurdos al margen de la revolución que ha estallado contra su gobierno, decidió otorgar la ciudadanía a los kurdos censados como extranjeros, aunque no a aquellos que no figuran en los registros.

Además de la cuestión de la apatridia, los kurdos en Siria sufren, especialmente desde el auge del nacionalismo árabe en los cincuenta, una durísima represión de su identidad y de cualquier acción política que reivindique el respeto de sus derechos culturales. El uso y la enseñanza de la lengua kurmanji están totalmente prohibidos, una situación que contrasta con la del resto de minorías del país. Armenios y asirios, por ejemplo, pueden hablar y enseñar su lengua con libertad. Existen también centros de educación e institutos en los que se imparten clases en francés, alemán o turco, sin que esto suponga tampoco ningún problema para el régimen.

A pesar de la precaria situación del pueblo kurdo en Siria, su implicación en las protestas contra el gobierno de al-Assad ha sido hasta el momento limitada. Esta tímida reacción se debe, según apuntan los propios refugiados y exiliados kurdos, a la desconfianza en que con el triunfo de la revolución su situación vaya a cambiar en algo. El punto de inflexión podría haberse producido el pasado 10 de junio, cuando el Consejo Nacional Sirio, con sede en Estambul, anunció como su nuevo presidente al kurdo Abdulbaset Sieda. Una semana después, el Ejército Libre de Siria publicaba un video en el que hacía un llamamiento a los kurdos para que se unieran a sus filas.

 

 

Notas:

1. El kurmanji es una de las tres lenguas kurdas mayoritarias. Se escribe con caracteres latinos y su uso se concentra en el sudeste de Turquía y en Siria. En el Kurdistán sur (norte de Iraq) y en el oriental (Irán) se habla el sorani, para cuya escritura se emplean caracteres árabes.

2. EL DTP era hasta diciembre de 2009 el principal partido nacionalista kurdo. Su ilegalización dejó paso al Partido de la Paz y la Democracia (BDP) como la principal fuerza política kurda.