Para el Equal Times.  [FRANÇAIS] [ENGLISH]

 

Ámbito para la ensoñación poética de algunos y la competencia geoestratégica de otros, el espacio también empieza a ser un nuevo nicho de mercado para los emprendedores públicos y privados más avispados. Si durante décadas la conquista del espacio ha sido, fundamentalmente, un área más de la competencia estratégica entre grandes potencias, hoy los más atrevidos actores económicos comienzan a vislumbrar la oportunidad de obtener esplendidos beneficios en todo lo que ocurra más allá de los 100 kilómetros de altitud, que es la frontera que señala el comienzo del espacio exterior. El acelerado desarrollo tecnológico y las necesidades humanas (pero también las ansias de traspasar los límites y hasta el afán de exhibicionismo y de notoriedad) apuntan a que, entre otros, la minería espacial y el turismo espacial ya han traspasado las fronteras de la ciencia ficción para convertirse en opciones reales a corto plazo.

En relación con la minería ahí está la reciente noticia sobre el inicio de la vuelta a casa de la sonda Osiris-Rex, de la NASA, con material recogido en el suelo del asteroide Bennu (con el objeto de estudiar el sistema solar primitivo). No es la primera, puesto que ya en septiembre de 2005 la sonda japonesa Hayabusa llegó a las inmediaciones del asteroide Itokawa. Pero, en todo caso, si logra regresar a la Tierra (en septiembre de 2023) será la misión más relevante en este campo, demostrando la posibilidad técnica de tomar tierra en un asteroide, a pesar de su ausencia de gravedad, y traer recursos a casa.

Unos recursos que la NASA se atreve a estimar en unos 100.000 millones de dólares por cada habitante del planeta, basándose en la potencial explotación de los metales y minerales del llamado cinturón de asteroides que orbitan alrededor del Sol, entre Marte y Júpiter. Todo ello sin olvidar los miles de asteroides ubicados entre Marte y la Tierra, contando con que unos 12.000 pasan cada año relativamente cerca de nuestro planeta (identificados como NEA –Near Earth Asteroids–) y, por supuesto, la Luna.

Desde un punto de vista estrictamente económico el potencial acumulado resulta deslumbrante tanto en la Luna (primer objetivo a la vista) como en los asteroides carbonáceos (tipo C), metálicos (tipo M) y silíceos (tipo S). Se trata, en primer lugar, de obtener agua –vital para misiones a otros planetas, para consumo humano y como fuente básica para generar energía en las bases que ahí fuera se puedan instalar y como combustible de las naves interplanetarias–. Pero también son impresionantes las estimaciones sobre la existencia de tierras raras y productos como el hierro, níquel, platino, oro, iridio, paladino, magnesio, rodio, osmio y rutenio.

 

Más allá de las dificultades técnicas que aún quedan por superar para pensar en una explotación rentable de esos ingentes recursos, son numerosos los problemas jurídicos y hasta éticos que suscita ese hipotético futuro.

 

Por un lado, tan solo disponemos de un imperfecto Tratado del Espacio Exterior (1967), que establece que ninguna nación puede reclamar la propiedad de ningún cuerpo celeste, pero sin llegar a concretar si lo mismo es válido respecto a los recursos que haya en ellos. Y ese asunto tampoco ha encontrado plena solución en los llamados Acuerdos Artemis, firmados el pasado 13 de octubre por parte de ocho países (Australia, Canadá, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Japón, Italia, Luxemburgo y Reino Unido) para regular la explotación de la Luna, aunque reconocen derechos de propiedad a quienes operen en nuestro satélite y establecen zonas de seguridad alrededor de las futuras bases que allí se establezcan.

También cabe plantear si, por ejemplo, la Luna es o no una persona jurídica o si esa futura explotación no será una nueva forma de colonización. En todo caso, el cambio de etapa a gran escala solo podrá producirse a partir del momento en el que sea posible producir en esos cuerpos el combustible necesario para hacer esos largos recorridos con materiales tan valiosos.

 

Una confluencia público-privada irreversible

Por su parte, cuando el turismo internacional está aún muy lejos de recuperar la intensidad previa al estallido de la pandemia del coronavirus, ya hay quien lleva tiempo pensando en aprovechar el afán aventurero de algunos privilegiados para hacer caja. De hecho, quien dio el primer paso no fue una empresa privada con visión de futuro, sino una Rusia que, en abril de 2001 y sumida en serios apuros económicos, decidió ofrecer el tercer asiento de su nave Soyuz con destino a la Estación Espacial Internacional (EEI) a un ciudadano estadounidense, Dennis Tito, a cambio de 20 millones de dólares.

La inicial resistencia estadounidense a permitir ese tipo de actividad no logró impedir que se abriera la puerta a otros vuelos similares, que han permitido a otros siete potentados más repetir esa misma experiencia (el último en 2009), y que poco después se fueran incorporando también empresas privadas. A la espera de que en 2023 se reinicie esa modalidad de turismo espacial a la EEI, los vueltos suborbitales privados han registrado un mayor auge desde que, en 2004, la empresa Mojave Aerospace Ventures logró que su nave espacial suborbital, SpaceShipOne, llegara hasta los 103 kilómetros de altitud. Desde entonces, se han acelerado los proyectos capaces de resolver los problemas técnicos que plantea un viaje de ese tipo y abaratar sustancialmente los costes.

Y esto último, en tiempos de obligada austeridad, es lo que también parece haber atraído la atención de las agencias estatales por contar con emprendedores privados –entre los que, de momento, destacan SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic– con los que compartir riesgos y costes en sus propios proyectos nacionales, al tiempo que estas últimas compiten ya entre sí por situarse con ventaja en el mercado privado. Todo ello hace suponer que la confluencia público-privada resulta ya irreversible, por ejemplo, para llevar astronautas o material a la EEI, a la Luna o más allá –en mayo del pasado año los astronautas de la NASA llegaron a la EEI a bordo de la nave Crew Dragon, de SpaceX, la misma empresa que muy pronto los llevará hasta la Luna, en la nave Starship–. Las mismas naves en las que ya está previsto que muy pronto viajen particulares, tanto a la EEI como a nuestro satélite.

 

Y esa misma cooperación entre Estados y empresas privadas se repite para dar respuesta a las crecientes necesidades que plantea el incesante desarrollo tecnológico en telecomunicaciones, inteligencia artificial y 6G con servicios satelitales cada vez más sofisticados.

 

Sirva como ejemplo para hacerse una idea del potencial comercial que supone proveer internet de alta velocidad y bajas latencias en las zonas rurales y en países en desarrollo a bajo coste, el empeño en el que está metido Elon Musk, a través de su empresa Starlink (filial de SpaceX). A finales de este mismo año calcula que habrá asegurado una cobertura completa, tras haber realizado un total de 28 lanzamientos de satélites desde 2018 (60 de promedio en cada lanzamiento), y espera tener una constelación de unos 42.000 a finales de 2027, en una órbita de unos 550 kilómetros de altitud. Y detrás ya asoman otros proyectos como el de la británica OneWeb, el de Amazon (Proyecto Kuiper) o el de China (Starnet).

Son muchos aún los obstáculos por superar y las dudas por aclarar, pero ninguno de ellos parece suficiente para frenar el afán de quienes ya miran hacia las estrellas con ojos avariciosos, mientras son los empresarios estadounidenses los que más se están movilizando en esa línea. Y aunque sigue habiendo más preguntas que respuestas para materializar tantos sueños empresariales, continúan multiplicándose los anuncios sobre proyectos aún más rocambolescos, como el de la empresa Gateway Foundation para construir un hotel en órbita terrestre, o el de Orbital Assembly Corporation para poner en marcha el proyecto Voyager Station, consistente en 24 módulos ensamblados para formar unaespecie de rueda giratoria en la que poder alojar a quienes superen su temor al riesgo inherente a este tipo de aventuras y cuenten con medios económicos suficientes para pagar el capricho. Hagan juego señoras y señores.

 

FOTOGRAFÍA: En esta imagen de septiembre de 2016 un cohete de la NASA despega con la sonda Osiris-Rex desde Cabo Cañaveral (Florida) rumbo al asteroide Bennu (a 320 millones de kilómetros de la Tierra). Tras recoger muestras sobre la superficie del asteroide y mantenerse en órbita, ha iniciado su retorno a la Tierra, previsto para 2023. (AFP/Bruce Weaver).

PALE

 

Para Blog Elcano.

 

Volver sobre un conflicto que lleva activo más de siete décadas puede resultar no solamente cansino, sino incluso provocar rechazo. Pero aun así resulta obligado hacerlo, aunque solo sea para intentar evitar que, tras el episodio de violencia extrema vivido en estos últimos días, se asiente una imagen equivocada sobre lo sucedido y lo que pueda ocurrir a partir de ahora. De manera muy sintética cabe concluir que:

  • No hay tregua. Por mucho que El Cairo y Washington quieran aparecer ahora como los esforzados mediadores que han logrado poner fin a una espiral de violencia creciente, la cruda realidad es que, como en tantas ocasiones anteriores, se ha llegado a este punto solo en el momento en el que Israel ha cubierto los objetivos militares que se había propuesto al lanzar la operación Guardián de los Muros. Ni un minuto antes. Y Washington, repitiendo una pauta tantas veces vista, se ha encargado de bloquear cualquier posible decisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, otorgando así cobertura a su principal aliado en Oriente Próximo durante los días que Benjamin Netanyahu ha considerado necesarios para volver a cortarle las uñas al gato (Hamas). Y así hasta la próxima.
  • No ha terminado la violencia. Por desgracia, la realidad diaria en la zona es de permanente uso de la fuerza, mezclada con anexión, humillación y castigos colectivos. Lo único que cambia, en realidad, es que los medios de comunicación se hagan eco de ello o prefieran silenciarla. Y eso vale tanto para la potencia ocupante, en abierta violación del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario, como para los grupos armados que se mueven principalmente en la Franja de Gaza.
  • No hay victoria. Solo por razones de marketing político unos y otros se afanan por aparecer como vencedores en un conflicto que ya acumula seis guerras y dos Intifadas, y para el que no se adivina final a medio plazo. Es cierto que, en el bando israelí, Netanyahu puede cantar victoria; pero no en el terreno militar, sino en el político. Su planificada apuesta violenta ha logrado arruinar el intento de Yair Lapid (líder del partido centrista Yesh Atid) y Naftali Bennett (líder del ultraderechista Yamina) para formar gobierno. De ese modo logra mantenerse como primer ministro en funciones, blindado ante una justicia que le pisa los talones, y aumenta la probabilidad de abocar al país a unas nuevas elecciones. Y algo similar puede sostener Hamas, ante la escandalosa pasividad de la Autoridad Palestina, al ver aumentar su atractivo electoral presentándose como el único defensor de los palestinos y de Al-Aqsa. Ambos han jugado con la seguridad de su propia gente, pero tampoco eso es una novedad.
  • No hay cambio de rumbo a la vista. Sería ilusorio suponer que ahora la ONU va a cobrar un protagonismo que nunca le han dejado tener en la búsqueda de una solución al conflicto. Lo mismo cabe decir de un Joe Biden que ha reaccionado sin matiz diferencial alguno con respecto a sus predecesores, ni parece dispuesto a corregir los errores de Trump, más allá de reiniciar sus aportaciones a una agónica Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) y de prometer fondos para la reconstrucción de Gaza. En esa misma línea de pasividad e impotencia se sitúa la Unión Europea, incapaz de dotarse de una voz única en la zona, a pesar de ser el principal socio comercial de Israel y el primer donante de ayuda a los palestinos. Y menos aún cabe esperar de unos regímenes árabes que solo se acuerdan de los palestinos en sus peroratas vacías de contenido.
  • No cuentan las personas. Solo sirven, reducidas a números, para obtener la cifra final de muertos, heridos y desplazados forzosos en cada nueva ocasión; pero sin que de ahí se derive respuesta efectiva alguna para mejorar su bienestar y seguridad. A eso se ha sumado ahora la visibilización de la poderosa fractura interna que presenta Israel como resultado de una política de discriminación sin tapujos, lo que se traduce en una muy difícil convivencia entre palestinos y judíos en las llamadas ciudades mixtas.

No hay salida. A estas alturas la opción de los dos Estados ha quedado ya superada por una realidad que hace inviable la sostenibilidad de un hipotético Estado palestino (Gaza es invivible y Cisjordania, con Jerusalén Este cortocircuitado, es mucho más que un queso emmental). La de un solo Estado, en el que convivan ambas comunidades, supondría el fin del sueño sionista de crear un hogar nacional para todos los judíos dispersos por el mundo por la sencilla razón de que, en clave demográfica, los palestinos ya empiezan a superar en número a los judíos asentados entre el río Jordán y el Mediterráneo (y mucho más aún si Tel Aviv reconociera algún derecho de retorno a los refugiados). Por otro lado, completar de una sola tacada la limpieza étnica que Israel lleva años practicando, para lograr el dominio efectivo de toda la Palestina histórica, supondría un escándalo que obligaría a algún tipo de reacción internacional.

 

IMAGEN: No hay tregua en Palestina. Recorrido por la Ciudad Vieja de Jerusalén Este. Foto: Catholic Church England and Wales/© Mazur/cbcew.org.uk (CC BY-NC-ND 2.0)

SAH

 

Para elperiódico.com

 

Alejado del foco mediático desde que, en noviembre pasado, Marruecos rompió el alto el fuego acordado en 1991 y el Frente Polisario declaró la “guerra total”, el Sáhara Occidental ha vuelto a la palestra como una trama apenas semioculta de la crisis política desencadenada por Rabat esta semana. Una crisis que demuestra tanto la pésima situación en la que se encuentran millones de marroquís (de otro modo, los varios miles de personas que han llegado a Ceuta no habrían arriesgado sus vidas) como la falta de escrúpulos del régimen marroquí para jugar con la suerte de su propia gente. Pero también hace bien visible el fracaso del modelo de gestión migratoria de España (y la UE) y la incapacidad para escapar al chantaje al que Marruecos nos tiene ya acostumbrados.

Mientras tanto, apenas sabemos nada de lo que está ocurriendo en ese Sáhara Occidental, del que Marruecos controla ya un 80%. Cuenta, para ello, con su abrumadora superioridad militar y con un creciente apoyo internacional, reforzado aún más tras el regalo de última hora que Donald Trump tuvo a bien hacerle, en diciembre pasado, sin que nada indique que Joe Biden vaya a desairar a quien, desde 2004, figura como aliado preferente no-OTAN. Un Estados Unidos que también destaca como el principal suministrador de material de defensa para las Fuerzas Armadas Reales.

Por su parte, y por mucho que los partes de guerra del Ministerio de Defensa de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) pretendan dar una imagen contraria, es inmediato reconocer que las menguadas y anticuadas fuerzas del Frente Polisario no tienen la más mínima posibilidad de lograr que Rabat cambie de rumbo en su pretensión por consolidar su soberanía en lo que suele llamar “provincias del Sur”. Sin presencia de observadores independientes sobre el terreno, es materialmente imposible determinar el verdadero alcance de cada una de las acciones de fuerza que realizan contra los más de 100.000 efectivos militares desplegados por Marruecos a lo largo de los 2.700 km de muro. En todo caso, es bien obvio que no han logrado mover el frente un milímetro y que, por la vía militar, lo máximo que pueden conseguir no va más allá del daño que una avispa pueda hacer a un elefante.

Eso significa que, mientras que los habitantes de los campamentos ubicados en la hamada argelina siguen malviviendo y alimentando unas esperanzas cada vez más debilitadas y mientras sus precarias fuerzas chocan impotentes contra el muro defensivo marroquí, Rabat, de hecho, ni siquiera tras haber quebrantado el alto el fuego, ha tenido que sufrir ninguna consecuencia. No solo Trump le ha dado un nuevo impulso a su causa, sino que, en el plano diplomático, la ONU continúa paralizada y sin ser capaz tan siquiera de nombrar un nuevo enviado especial (el último abandonó el puesto en mayo de 2019). Y lo mismo cabe decir de la Unión Africana, en cuyo seno Rabat se afana, ya como miembro de pleno derecho desde 2017, para sumar apoyos y, abiertamente, restárselos a una RASD por la que ya nadie parece dispuesto a jugársela hasta el fin.

Marruecos se siente, en definitiva, crecientemente fortalecido en sus pretensiones soberanistas y cree estar en condiciones de imponer su criterio, tanto en el terreno diplomático como en el militar. En el primero ya ha logrado fijar las condiciones de juego, impidiendo que la MINURSO pueda encargarse de vigilar el cumplimiento de los derechos humanos, haciendo que disminuyan los apoyos políticos internacionales a la RASD y limitando el marco de negociación a una mera oferta de descentralización administrativa, bajo soberanía marroquí. En el segundo, se atreve incluso a matar con un dron al jefe de la guardia nacional saharaui, sabiendo que la respuesta es perfectamente asumible en el campo de batalla.

Visto desde la perspectiva de quien lleva tiempo sometida a un chantaje en toda regla, una de las pocas opciones que le quedan a España sería el reconocimiento de la RASD. Pero un paso de ese calado supondría adentrarse en una senda de imprevisibles consecuencias, no solo para nuestro vecino del sur sino también para España. Sería un paso que, cabe suponer, arruinaría por mucho tiempo las relaciones bilaterales y supondría la pérdida de un socio que, en última instancia, necesitamos tanto para reprimir el narcotráfico y gestionar (mejor que hasta ahora) los flujos migratorios, así como para hacer frente a la amenaza común del terrorismo yihadista. Todo ello sin olvidar los talones de Aquiles que representan Ceuta y Melilla.

 

IMAGEN: Legionarios españoles frente a ciudadanos marroquís en un bote, en la playa de El Tarajal, cerca de la la valla que separa España de Marruecos. /REUTERS / JON NAZCA

 

ACNUR

 

 

Beneficios del acceso a energía limpia en campos de personas refugiadas, ¿hacia un clúster de energía?

 

Planeados para ser de uso temporal, los campos de personas refugiadas se vuelven de uso prolongado y por ende se convierten en el hogar permanente para las personas que residen allí. Sin embargo, las características de estos asentamientos están enfocadas a un uso temporal y no a uno permanente. Teniendo en consideración la permanencia o estadía prolongada de hecho en estos espacios, recientemente han surgido iniciativas a fin de que se vuelvan más humanos, a través de la inclusión de las expectativas y necesidades a medio plazo de las personas refugiadas en su planeamiento (Dalal et al, 2018). En este contexto, una transformación en el concepto del acceso a la energía en los campos de personas refugiadas es un aspecto fundamental a fin de humanizar estos sitios de acogida de emergencia convertidos en permanentes.

El acceso a la energía en estos espacios es central para la iluminación, la cocina, la calefacción, el suministro de agua y la gestión de residuos. La falta de acceso a la energía o el uso de energía insegura en estos entornos no sólo tiene consecuencias nefastas para el medio ambiente, sino que también genera un deterioro en el bienestar general de los/as refugiados/as en términos de salud, medios de vida y protección.

En primer lugar, la salud de las personas que habitan en los asentamientos de desplazamiento forzado se ve negativamente afectada pues se produce un aumento en el número de muertes y enfermedades a causa de problemas respiratorios derivados del uso de energía insegura para cocinar, iluminar o calentar el ambiente, o bien por la ausencia del acceso a la misma. En segundo lugar, los medios de vida de las personas refugiadas se ven deteriorados en numerosos aspectos, ya que la falta de energía durante las horas nocturnas no permite a las personas adultas trabajar dentro de sus refugios ni a los niños, niñas y adolescentes realizar sus tareas escolares. Ello amenaza la resiliencia, el empoderamiento, la mejora y la independencia de los medios de vida y, por el contrario, crea una dependencia de la entrega de ayuda humanitaria. En tercer lugar, la protección de los/as refugiados/as se ve seriamente comprometida, ya que la falta de iluminación los coloca en situaciones peligrosas, por ejemplo, la exposición a más abusos sexuales durante las noches en el camino de los refugios a los aseos o letrinas, o en el camino para la recogida de leña para la iluminación, la calefacción o la cocina.

Por el contrario, la implementación de sistemas de energía renovable en los asentamientos de personas refugiadas, además de no contribuir con el cambio climático, conlleva beneficios al bienestar de los/as refugiados/as en términos de salud, medios de vida y protección. En términos de salud, su uso produce una reducción del número de muertes y enfermedades por problemas respiratorios, por ejemplo, al utilizar Gas Licuado de Petróleo o leña para la cocina o la calefacción. En cuanto a medios de vida, se produce un aumento de la cantidad de horas de estudio de los niños y niñas, pues pueden utilizar también las horas nocturnas. También, las personas adultas pueden trabajar durante la noche, incluso en actividades relacionadas a la producción artesanal de elementos de energía limpia para su uso dentro de los propios campos, por ejemplo, lámparas solares. Estas actividades indudablemente contribuyen al aumento de la percepción de empoderamiento, resiliencia e independencia, y a la reducción de la dependencia de la ayuda humanitaria. En el ámbito de la protección, el hecho de contar con lámparas solares individuales resulta muy útil durante las noches en el camino hacia los baños o hacia la recogida de madera pues disminuye la cantidad de abusos sexuales, así como el miedo constante de ello. Este beneficio es especialmente importante para los grupos más vulnerables en esos contextos tales como mujeres, niñas, niños y adolescentes, y sobretodo para los/as menores no acompañados/as.

El acceso a energía renovable en campos de personas refugiadas también trae beneficios para los Estados de acogida. Conviene recordar que contribuye a avanzar en la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 "Energía sostenible y asequible para todos", al cual todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a perseguir. Por ende, Estados que realizan esfuerzos medibles en el tema cumplen sus obligaciones internacionales y mejoran su imagen internacional gracias a demostrar su esfuerzo en la reducción de la huella de carbono en relación con la protección de los derechos humanos de las personas refugiadas. Además, los proyectos de energía renovable alivian la presión sobre las capacidades energéticas nacionales. También, más empresas se ven atraídas en la inversión en tipo de proyectos, lo que contribuye a la afluencia de capital extranjero a los países en vías de desarrollo.

En 2015, Chatham House en colaboración con Movement Energy Initiative (MEI) han destacado la importancia del acceso a energías limpias en los entornos de desplazamiento (Lahn y Grafham, 2015). En los campos de personas refugiadas Zaatari y Al-Azrag en Jordania, la implementación de paneles solares ha tenido éxito como parte de una estrategia nacional de energía limpia, y ello es particularmente relevante al tener en cuenta que Zaatari y Al-Azrag se consideran campos de refugiados "más permanentes" (Lahn, Grafham y Sparr, 2016). En este caso, la implementación de los paneles solares ha incrementado el trabajo para la población de acogida que se ha involucrado en su construcción y, de esta manera, se mejoró la aceptación y la relación de las personas que habitan en mencionados asentamientos con la comunidad local. En similar sentido, el Grupo Urgence - Rehabilitation – Dévéloppement (URD) se ha referido al uso de paneles solares en entornos de desarrollo y su relación con el medio ambiente (Heward, C., 2019).

En Kutupalong, Cox's Bazaar, Bangladesh, el mayor asentamiento de personas refugiadas del mundo en la actualidad, el cual acoge a más de 742.000 personas refugiadas rohingya provenientes de Myanmar (UNHCR, 2021), Signify y BRAC distribuyeron linternas solares Philips LifeLight a más de 46.000 refugiados/as rohingya (SIGNIFY, 2018). Además, se destaca que algunos de los proyectos relacionados con la implantación de lámparas de energía solar incluyen la formación para su producción y reparación (Boisson, 2020). Otra iniciativa interesante es Little Sun, la cual aboga por el acceso universal a energía limpia, con la distribución de más de 1,2 millones de lámparas solares personales a refugiados, refugiadas, estudiantes, profesores y personal humanitario y de la salud. Little Sun permitió más horas de estudio, ayudó a reducir las emisiones de dióxido de carbono, y generó empleos y ganancias locales para las comunidades rurales del África Subsahariana, especialmente para las mujeres (Little Sun, 2021)[1].

En el nivel multilateral, es necesario destacar a la "Plataforma Global de Acción (GPA) sobre energía sostenible en contextos de desplazamiento" (UNITAR, 2021), así como al "Desafío de la energía limpia para los refugiados/as y la población desplazada por la fuerza" (ACNUR, 2020). Ambas son iniciativas centrales a nivel de la política y la práctica de las organizaciones internacionales con el objetivo de garantizar una energía más segura y limpia en contextos de desplazamiento. Estas plataformas son lideradas por ACNUR y UNITAR, pero funcionan con una dinámica inclusiva gracias a la cual existe colaboración constante con organizaciones no gubernamentales presentes en entornos caracterizados por problemas de acceso a energía limpias, así como con centros académicos. Este tipo de iniciativas son particularmente importantes desde que no existe aún un Clúster específico sobre Energía, lo cual indica la ausencia de centralidad de este tema en la coordinación de la toma de decisiones en contextos de emergencia y desplazamiento forzado.

El acceso a energía limpia para las personas refugiadas que habitan en los campos es fundamental pues trae beneficios no sólo para el medio ambiente, sino -y especialmente- para los/as refugiados/as, debido al impacto positivo en su vida cotidiana en términos de salud, medios de vida y protección. En base a ello, la creación de un Clúster específico de energía en la coordinación de la asistencia humanitaria en los entornos de desplazamiento forzado se torna una decisión impostergable.

 



[1] En el caso de la cooperación española la Alianza Shire, puesta en marcha por el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica (itd UPM) con otras entidades, es una experiencia destacada. Disponible en  https://alianzashire.org/

 

 

Referencias:

  • Boisson, Sarah, 2020. Light for the Rohingya: the first humanitarian project to train electricians in refugee camps. Défis humanitaires. Available at <https://defishumanitaires.com/en/2019/06/03/light-for-the-rohingya-the-first-humanitarian-project-to-train-electricians-in-refugee-camps/> [Accessed 1 April 2020].
  • Dalal A. et al, 2018. Planning the Ideal Refugee Camp? A Critical Interrogation of Recent Planning Innovations in Jordan and Germany. Cogitatio, Urban Planning, 2018, Berlin, Volume 3, Issue 4, Pages 64–78, ISSN: 2183–7635, DOI: 10.17645/up.v3i4.1726-Heward, C., 2019. Les facteurs de pérennisation des installations solaires. URD Groupe. Available at <https://www.urd.org/wp-content/uploads/2019/10/Etude-perennisation-ESF-Senegal_GroupeURD_2019.pdf> [Accessed 11 April 2020].
  • Lahn and Grafham, 2015. Heat, Light and Power for Refugees, Saving Lives, Reducing Costs. Chatham House Report for the Moving Energy Initiative. Chatham House. Available at <www.chathamhouse.org> [Accessed 7 April 2020].
  • Lahn, Grafham and Sparr, 2016. Refugees and Energy Resilience in Jordan, Chatham House. Available at <www.chathamhouse.org> [Accessed 8 April 2020].
  • Little Sun, 2021. The power of the sun for everyone. Available at <https://littlesun.org/about/> [Accessed 15 May 2020].
  • SIGNIFY, 2018. Signify and BRAC light the lives of over 46,000 Rohingya families in Bangladesh. Available at <https://www.signify.com/en-gb/our-company/news/press-releases/2018/20180806-signify-and-brac-light-the-lives-of-over-46000-rohingya-families> [Accessed 2 April 2020].
  • UNHCR, 2020. Clean Energy Challenge. Available at <https://www.unhcr.org/clean-energy-challenge.html> [Accessed 29 April 2021].
  • UNHCR, 2021. Rohingya Emergency. Available at <https://www.unhcr.org/rohingya-emergency.html> [Accessed 15 May 2021].
  • UNITAR, 2021. Global Platform for Action (GPA) on sustainable development in refugee settings. Available at <https://www.humanitarianenergy.org/> [Accessed 29 April 2021].

 

 

Sobre la autora.

 

Noelia Natalia Blascovich es Politóloga Internacionalista y Diplomática. Asesora Humanitaria y Representante ante Organismos Internacionales del Centro de Estudios de Política Internacional de la UBA. Maestranda en Acción Humanitaria Internacional (NOHA). Especializada en Protección de Migrantes y Refugiados y en Asistencia Humanitaria en Zonas de Conflictos Armados y Misiones de Paz. Se desempeñó como Responsable de Asuntos Humanitarios en la Dirección de Organismos Internacionales de Cancillería. Ex miembro voluntario de Cruz Roja Argentina y Española.

 

[*] Las ideas y opiniones expresadas en este trabajo son de la autora y no reflejan necesariamente la posición de ninguna institución a la cual pertenezca.

 

FOTOGRAFÍA: Una familia de refugiados rohingya ilumina su refugio gracias a una linterna solar, en Kutupalong, Bangladesh, en noviembre de 2017.  © ACNUR/Andrew McConnell

 


En 1975 fue una "Marcha verde" (color del islam) y Rabat movilizó a decenas de miles de marroquíes como punta de lanza de su plan soberanista sobre el Sahara Occidental. Este lunes fue una "Marcha azul" (vinieron, sobre todo, por mar) y fueron unos 8.000 los marroquíes quienes pusieron rumbo a Ceuta, como involuntarios arietes de un gesto diplomático con el que Rabat ha querido mostrar a Madrid que tiene la sartén por el mango...