Ya disponible para su visualización la sesión ‘’Sororidad, ¿una forma de solidaridad?’’, celebrada el día 11 de junio, en la que participaron Atría Mier, especialista en género y consultora independiente; Elisa García-Mingo, Doctora en Estudios Internacionales e Interculturales por la Universidad de Deusto y Fefa Álvarez, asesora de Accesibilidad Universal del CERMI.

 

Ya disponible para su visualización la sesión ‘’Solidaridad obrera y de clase: ¿dónde estamos? ¿existen hoy?’’, celebrada el día 8 de junio, en la que participaron  José María Zufiaur, presidente de la Sección de Relaciones Exteriores del Comité Económico y Social Europeo/España; Mª Luz Rodríguez, profesora titular de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad de Castilla-La Mancha y José Moisés Martín Carretero, Managing Partner en Red2Red.

 

 

 

Ya disponible para su visualización la sesión ‘’La evolución del discurso solidario’’, celebrada el día 4 de junio, en la que participaron Francisco Rey Marcos, codirector del IECAH, y Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política en la Universidad de Valencia.

 

 

 

LOG

 

 

Las grandes pandemias y crisis epidemiológicas no son un fenómeno novedoso, y en las últimas décadas han evidenciado la necesidad de implementar una acción coordinada de organizaciones internacionales, gobiernos y actores humanitarios para afrontar los diferentes retos que plantean. En este sentido, son numerosos los planes y protocolos de actuación en materia de prevención y respuesta ante desastres que se han ido formulando y actualizando, incorporando diferentes cuestiones sanitarias, particularmente desde los años noventa; pero el brote de COVID-19 desde diciembre del pasado año ha supuesto un desafío para todas las normativas y prácticas vigentes.

 

En un brevísimo período de tiempo el virus se ha convertido en una cuestión de seguridad sanitaria global y en una amenaza para el normal desarrollo de la vida humana. Pero más allá de las consecuencias socioeconómicas que las medidas de confinamiento que han protagonizado los últimos meses han provocado (y provocarán) a nivel mundial, el impacto de las mismas en las cadenas de suministros ha afectado enormemente al correcto funcionamiento de un proceso logístico cuya efectividad es ahora más necesaria que nunca. Además de la importancia de disponer de suficientes equipos de protección específicos y material sanitario, cuya producción normalmente no es local, contar con expertos médicos, como ha ocurrido en Italia con la llegada de personal chino o cubano, es fundamental ante crisis sin precedentes como a la que nos enfrentamos en la actualidad.

 

Sin embargo, el transporte y distribución de personal y productos sanitarios críticos para afrontar esta pandemia no es la única problemática que se plantea. Los contextos de crisis crónicas y emergencias complejas continúan desarrollándose, y el riesgo no hace sino crecer ante la amenaza que supone la llegada de una enfermedad para la que todavía no existe vacuna a aquellas áreas de difícil acceso y que disponen de menos recursos. La logística humanitaria debe hacer frente ahora al doble reto que supone la provisión de alimentos, agua o actividades médicas y humanitarias rutinarias en una situación en la que la priorización de la COVID-19 ha paralizado, no solo las operaciones y trabajos anteriores, sino también, y como ya señalábamos, la propia cadena de suministros.

 

El impacto de la pandemia está siendo multisectorial. A finales de marzo, más de 107 países habían promulgado ya restricciones de viaje y cierres de fronteras, según la OCHA, limitando o suspendiendo el tráfico terrestre, aéreo y marítimo, imponiendo períodos de cuarentena a las importaciones y reduciendo la capacidad de carga; causando, en definitiva, graves repercusiones a corto y medio plazo en materia de canales logísticos humanitarios y comerciales. En consecuencia, la disponibilidad de stock se ha convertido en una de las principales preocupaciones: los precios de los productos sanitarios más básicos se han disparado, y los distintos estándares técnicos y de calidad están poniendo en tensión el proceso de adquisición y suministro. Los plazos de entrega también se están viendo amenazados debido a la continua demanda y escasez de producción, y en lo que respecta a la distribución, los puntos de entrega en lugares aislados se ven particularmente afectados. El acceso a la asistencia y ayuda humanitaria se ha convertido en una actividad arriesgada y compleja, para las personas afectadas y para el personal humanitario, cuya respuesta, ralentizada en muchos casos, ha llegado a verse suspendida o imposibilitada por la falta de opciones de transporte.

 

La práctica cotidiana de la logística humanitaria y el transporte es ahora más difícil que nunca, y requiere una respuesta mundial universal y coordinada a esos retos sin precedentes, adaptativa y consecuente con las especificidades de cada contexto. Afortunadamente, actores humanitarios y organizaciones internacionales han publicado diferentes documentos informativos, planes de respuesta interagencial como el Global Humanitarian Response Plan; y han puesto en marcha iniciativas como la Covid-19 Partners Platform, cuyo pilar número 8 se centra específicamente en el apoyo operacional y logístico, proponiendo tres niveles de acción en los que los planes y normas preexistentes pueden adaptarse para ofrecer una respuesta más rápida y eficiente. Además, se ha insistido más que nunca en la necesidad de establecer y asegurar corredores humanitarios, fomentar las capacidades de producción y estructuras de reparto, y de reforzar las organizaciones humanitarias locales en un contexto en el que el aislamiento y las restricciones impiden el desplazamiento del personal internacional.

 

No obstante, estas medidas no pueden quedar limitadas al período de crisis, sino que deben implementarse y normalizarse en las prácticas humanitarias futuras. Los desafíos planteados requieren respuestas específicas en las que la calidad y rendición de cuentas quede garantizada, y la elaboración de los Universal Logistic Standards por el Consorcio INSPIRE, del que forma parte el IECAH, y que está contando con el apoyo de la DG-ECHO de la Comisión Europea, se presenta como una oportunidad para recoger el conocimiento y aprendizajes generados durante la crisis y el posible contexto post-Covid. La anticipación y preparación, así como la revisión y evaluación de la cooperación y prácticas internacionales existentes será indispensable para definir próximos protocolos de actuación en los que las funciones críticas queden identificadas, con el objetivo de preparar una respuesta rápida y eficaz de cara a posibles futuras crisis sanitarias globales.

 

 

Autora: Raquel Chamizo Hermosilla

 

FOTOGRAFÍA: AP Photo / Hani Mohammed

 

 

EFE

 

Para elperiódico.com

 

Llueve sobre mojado. Pero Donald Trump, ensimismado en una deriva que no solo puede costarle el puesto sino un daño difícilmente reparable a su propio país, sigue tensionando las relaciones con la Unión Europea. A sus recurrentes desplantes e insultos acaba de añadir ahora el anuncio de que antes de finalizar el verano retirará 9.500 soldados del contingente que mantiene en Alemania (de un total de 34.500), incrementando aún más las dudas sobre el compromiso estadounidense en la defensa de sus aliados europeos de la OTAN frente a Rusia.

Aunque se dice que la decisión deriva de un estudio iniciado por el Pentágono en septiembre pasado, es inevitable ligarla al rechazo expresado por Berlín a la propuesta de Trump, en calidad de anfitrión, de invitar a la pospuesta cumbre del G-7 (prevista ahora para septiembre) a una Rusia que fue expulsada del G-8 tras su anexión de Crimea, en el 2014.

Se trata del mismo Trump que decidió salirse el pasado año del Tratado INF, sin consultar ni medir las implicaciones que eso tendría para la carrera nuclear en suelo europeo, y del mismo que se ha desmarcado del Acuerdo de París, de la UNESCO, de la UNRWA y ahora de la OMS y que aprovecha cualquier ocasión para demandar un mayor gasto de defensa a sus aliados europeos, al tiempo que contribuye directamente a fragmentarlos y a poner piedras en el camino de la construcción de una unión política entre sus 27 miembros.

 

Reformulación

Ante una dinámica de este tipo los miembros de la UE- conscientes de que, en última instancia, la defensa europea sigue descansando desde el final de la segunda guerra mundial en el paraguas de seguridad proporcionado por Washington- pueden optar por volver a bajar la cabeza y armarse de paciencia hasta que Trump desaparezca del horizonte. Pero también podrían entender de una vez que, junto al brexit, el creciente atrevimiento militarista de Rusia y el brutal efecto de la crisis económica, ahora multiplicado por la covid-19, es el momento de activar la voluntad común necesaria para lograr a medio plazo una verdadera autonomía estratégica que nos permita liberarnos de la subordinación estadounidense. Un camino que no tiene que llevar necesariamente a la ruptura del vínculo trasatlántico -dado que tanto los valores como los intereses compartidos son mayores de las desavenencias-, pero sí a una reformulación entre iguales.

Trump no entiende que en solitario ni siquiera EEUU puede superar los retos a los que se enfrenta en este mundo desigualmente globalizado y que, mirando alrededor, no hay ningún aliado tan valioso como la UE. Su apuesta ultranacionalista y antimultilateralista acelerará el declive del líder mundial. Pero en paralelo, queda por saber qué es lo que mueve a los miembros de una Unión Europea que se está jugando su credibilidad ante una ciudadanía cada vez más escéptica, camino de una irrelevancia derivada de posturas crecientemente divergentes entre europeístas (autonomía estratégica), atlantistas (basta con la OTAN) y hasta neutrales (gorrones en lenguaje llano).

 

FOTOGRAFÍA: EFE / OLIVER HOSLET