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La pandemia del COVID-19 en perspectiva humanitaria. La respuesta de la ONU. Los retos para España

 

Francisco Rey Marcos 

 

 

La presentación ayer por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, de un plan coordinado de respuesta humanitaria mundial por un valor de 2.000 millones de dólares que servirá para luchar contra el coronavirus COVID-19 en algunos de los países más vulnerables del mundo, supone un hito muy importante en la historia de la ONU y en su compromiso humanitario. Desde que comenzara la pandemia en China durante el mes de enero de 2020 y comenzara su extensión a otras regiones, numerosas organizaciones humanitarias y de cooperación para el desarrollo en todo el mundo manifestaron su preocupación por los devastadores efectos que la expansión de la pandemia podía tener en los países empobrecidos y con frágiles sistemas de salud. Lamentablemente, estas previsiones se están confirmando y, aunque por el momento, la pandemia está afectando sobre todo en Europa y Asia, los datos hablan de una rápida expansión en África y América Latina. 

 

Por ello, la decisión presentada ayer por la ONU de un Plan de Respuesta Humanitaria Global COVID 19 es muy importante al abordar con decisión las consecuencias de la pandemia en contextos en los que ya existían planes de respuesta humanitaria que se van a ver complicados por el coronavirus. Tras matar a más de 19.000 personas en todo el mundo y con más de 400.000 casos notificados, el virus está presente en todo el mundo y, en estos momentos, está llegando a países que previamente se enfrentaban a crisis humanitarias debido a conflictos, desastres naturales y el cambio climático. Hace unos días, el propio Secretario General había realizado un solemne llamamiento para la paralización de los conflictos armados mediante un alto el fuego global en el que se "Silencien las armas; detengan la artillería; pongan fin a los ataques aéreos". 

El plan coordinado por las agencias de las Naciones Unidas en colaboración con las ONG y los Estados consiste en: 

 

  • Entrega de equipos de laboratorio necesarios para analizar el virus y suministros médicos para tratar a las personas
  • Enstalación de puestos de lavado de manos en los campamentos y asentamientos
  • Lanzamiento de campañas de información pública sobre cómo protegerse a sí mismo y a los demás del virus
  • Establecimiento de puentes aéreos y centros de distribución en África, Asia y América Latina para trasladar a los trabajadores y suministros humanitarios a los lugares donde más se necesitan 
 

En la presentación del Plan, António Guterres destacó que el coronavirus COVID-19 representa una amenaza para toda la humanidad “y la humanidad entera tiene que plantarle cara. No basta con la respuesta individual de cada país”. También recordó que el virus está llegando a países que sufren crisis humanitarias causadas por conflictos, desastres naturales y el cambio climático. 

 

“Esas personas no tienen un hogar en el que puedan practicar el aislamiento social o aislarse. Les falta agua limpia y jabón para realizar el acto más básico de protección personal contra el virus: lavarse las manos. Si se enferman de gravedad, no tienen forma de acceder a un sistema de salud que pueda ofrecerles una cama de hospital y un ventilador”, declaró. Por esa razón, el Secretario General considera una obligación ayudar a los millones de personas vulnerables o con escasos recursos para protegerse. 

 

"Es una cuestión de solidaridad humana básica. También es crucial para combatir el virus (…) Es el momento de dar un paso al frente por quienes sin vulnerables", destacó. Al mismo tiempo, Guterres resaltó la necesidad de mantener el apoyo a los planes de respuesta humanitaria puestos en marcha previamente ya que 100 millones de personas dependen de ellos. “El desvío de esos fondos podría acarrear consecuencias catastróficas, como una mayor propagación del cólera, el sarampión y la meningitis, mayores niveles de malnutrición infantil y el menoscabo de la capacidad de esos países para combatir el virus”, finalizó el Secretario General. 

 

Por su parte, el Vicesecretario General para Asuntos Humanitarios y responsable de OCHA, Mark Lowcockpidió a los Gobiernos que se comprometan a apoyar el plan de respuesta, que requiere 2.000 millones de dólares para los próximos nueve meses a partir de abril, e insistió sobre la necesidad de continuar apoyando los planes de respuesta humanitaria existentes, como señaló el Secretario General. 

 

Como puesta en marcha del plan, Lowcock desbloqueó 60 millones de dólares adicionales del Fondo Central de Respuesta a Emergencias de las Naciones Unidas (CERF). Este monto se suma a los 15 millones liberados previamente en respuesta a la pandemia de COVID-19. 

 

"Esta nueva asignación, una de las mayores jamás realizadas por este Fondo, servirá para apoyar el traslado de trabajadores y suministros de ayuda, la protección de los más afectados por la pandemia -incluidas las mujeres y las niñas, los refugiados y los desplazados internos- y los servicios de agua y saneamiento". 

 

El caso español 

 

En la Cooperación Española aún no se conoce de modo claro el enfoque que se va a adoptar en la respuesta a esta crisis. La Secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Ángeles Moreno Bau declaró ayer que la Cooperación Española “va a reorientar su cooperación para el desarrollo hacia este tema” pero aún no se conocen en profundidad los compromisos e implicaciones que eso puede tener. 

 

En los próximos días esperamos que se vayan concretando estas cuestiones y desde el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria realizaremos un seguimiento de la cuestión. Y colaboramos ya con las ONG implicadas en el asunto. La acción humanitaria de nuestro país debe estar a la altura de la situación y como decíamos en artículos anteriores  “situarse en el lugar que una sociedad solidaria como la nuestra merece. Ni más, ni menos.

 

FOTOGRAFÍA: UNPHOTO/MANUEL ELIAS

 

 

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