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Proteger legalmente el río es proteger al mismo tiempo a las comunidades que lo habitan

Visto desde el cielo el río Atrato es un trazo azul sinuoso que cruza todo el oeste de Colombia hasta desembocar en el departamento del Chocó en el Atlántico. Nace del deshielo de la parte más septentrional  de la Cordillera de los Andes. Es uno de los ríos más caudalosos del mundo, además del de mayor longitud de la región al extenderse a lo largo de sus serpenteantes 750 kilómetros. Es un arteria que riega una amplia cuenca hidrográfica y en sus orillas viven más de 400.000 habitantes de nueve departamentos, en su mayor parte son afrocolombianos e indígenas, que dependen de sus recursos naturales.

La frase que da título a este artículo está inspirada en un poema del escritor norteamericano Gary Snyder; con una obra muy vinculada al ecologismo, al espacio natural, a los animales y a la práctica del budismo zen. Con cierta osadía comienza “Night Higway 99” al decir “Yo hablo por los halcones”, pidiendo dar voz a los excluidos de la política. Uno de sus temas recurrentes en su lírica es la armonía existente entre todos los seres vivos y el lugar en el que habitan. Snyder habla en algunos de sus ensayos literarios de crear entidades políticas nuevas que den asiento en los parlamentos a los animales, montañas y ríos. En este caso se utiliza la voz colectiva “nosotros” por la importancia que dan a sus comunidades los ribereños del Atrato.

En unasentencia inédita de la Corte Constitucional del 30 de abril de 2017 que considera el río “sujeto de derechos” con una especial protección jurídica para evitar la minería ilegal y la contaminación por mercurio. Proteger al río como si de una persona inmensa se tratara es vital para intentar revertir todo el daño causado a la población que habita en sus márgenes. No quieren más veneno en sus aguas.

Bajo un enfoque legal “ecocéntrico” este texto plantea que la tierra no le pertenece al hombre y, por el contrario, el hombre es quien pertenece a la tierra, como cualquier otra especie. Es una idea presente en el imaginario de las culturas precolombinas dónde la naturaleza es un ser en sí mismo al que se le debe respetar. Algo que nos recuerda Ximena González, abogada ambientalista de la organización Tierra Digna, que ayudo a impulsar en 2015, junto a consejos comunitarios del Chocó, la sentencia que busca evitar que el nivel de contaminación sea irreversible. Desde marzo de 2017 la Defensoría del Pueblo anunció la contaminación provocada por laexplotación maderera sin control y la minería ilegal en busca de metales preciosos. Finalmente, Carlos Alfonso Negret, Defensor del Pueblo en Colombia, declaró en 2016 que se trataba de una “emergencia medioambiental y humanitaria”. A partir de ese momento, el departamento de Biología de la Universidad de Cartagena elaboro un informe que evaluaba el grado de contaminación del Atrato.

“De acuerdo con esta interpretación, la especie humana es solo un evento más dentro de una larga cadena evolutiva que ha perdurado por miles de millones de años y, por tanto, de ninguna manera es la dueña de las demás especies, de la biodiversidad ni de los recursos naturales, como tampoco del destino del planeta. En consecuencia, esta teoría concibe la naturaleza como un auténtico sujeto de derechos que deben ser reconocidos por los estados y ejercidos bajo la tutela de sus representantes legales, verbigracia, por las comunidades que la habitan o que tienen una especial relación con ella”. Bajo esta tesis de la Corte Constitucional, la protección de la naturaleza y el medioambiente constituye un verdadero desafío legal, siendo Colombia el quinto estado entre los 17 más megabiodiversos –según cita la Corte–. Un país en el que habitan más de 54.870 especies animales distintas es una muestra de su riqueza natural.

Las dragas son enormes máquinas que remueven el fondo del Atrato en busca de los valiosos castellanos de oro (unidad de medida de este metal acuñada por el peso de las monedas en el siglo XVI). Con sus poderosos brazos mecánicos remueven y levantan el fondo fluvial mientras destruyen especies vegetales y animales. Son llamadas “dragones” por los chocoanos por el enorme rugido que hacen sus engranajes al activarse. Además, es habitual que los mineros ilegales utilicen mercurio, cianuro y otras sustancias tóxicas en el agua para separar el oro del resto de materiales que lo recubren. Y los vertidos tóxicos no afectaron exclusivamente a especies animales, también a personas de un manera directa. En 2014 la Defensoría registróla muerte de 37 niños de la etnia embera-katío por el consumo del agua y animales contaminados con mercurio.

Colombia es elsexto productor de oroa nivel regional de América Latina a la par que ocupa el puesto veinte del ránking mundial. Desde 2012 es el tercer producto colombiano de mayor exportación después del petróleo y el carbón, y justo por encima del café. Las autoridades estiman que unas 350.000 personas viven de economías vinculadas o derivadas del comercio del oro en 10 departamentos. Un lastre que se remonta mucho tiempo atrás, en el siglo XVIII, cuando  en el Chocó se extraía más oro que en todos los demás distritos mineros de la Nueva Granada y, en consecuencia, se convirtió en el principal productor de los virreinatos continentales del Imperio de Felipe V. La fiebre por la búsqueda de El Dorado que trajeron consigo los conquistadores españoles no cesa.

Junto a la extracción de metales preciosos, hay bandas armadas que buscan hacer dinero con su venta y que actúan violentamente contra todo aquel que se oponga y no abandone las zonas de sus negocios ilegales. Desde 1996 a 2005 el grupo paramilitar Élmer Cárdenas, comandado por el Alemán sembró literalmente de cadáveres el río. Es que la dimensión del conflicto armado entra de lleno en la competencia de las guerrillas como los grupos paramilitares por el control de recursos, por despojo de tierras de los campesinos y por su posterior venta, suponían el combustible para la guerra.

Hace tres años la organización Tierra Digna presentó una acción legal al Estado junto a otras 27 organizaciones con jurisdicción en Antioquía y Chocó. Ximena González indicó que “estas comunidades, afro e indígenas, han hecho de todo, han intentado espacios de comunicación con el Gobierno, han hecho marchas y entonces nos vimos obligados a tomar una acción”. Destaca que los Magistrados de la Corte Constitucional se han desplazado hasta esa región para analizar de primera mano la situación ambiental mediante vuelos que sobrepasaban las zonas contaminadas y las deforestadas del bosque tropical.

Chocó es uno de los departamentos con una mayor nivel de pobreza del país latinoamericano donde ocho de cada diez habitantes tiene sus derechos básicos insatisfechos. Ximena recuerda con tristeza que “El departamento del Chocó es el gran olvidado en las prioridades del Gobierno central y esto es un reto, pero haremos todo para que se cumpla”.

Sterlin Lodoño, vicario de la Diócesis de Quibdó-Chocó habla de proteger “la casa común” desde la fe como un reconocimiento de la defensa de los derechos bioculturales. Sterlin proporciona espacios de debate público, de sensibilización y físicos para que se reúnan los miembros de los habitantes ribereños. “Por esta época era normal ver el río seco, azul o verde y lleno de peces de la subienda; hoy el río no está azul sino café y los peces ausentes. El río en sí, por su color provocaba el encuentro familiar, facilitaba la sana recreación y la economía regional se dinamizaba por la subienda”, señala él, refiriéndose a los cambios que ha sufrido el Atrato a lo largo de últimos estos años.

Como representantes legales de todo el ecosistema han sido nombrado una serie de líderes comunitarios bajo el nombre de Guardianes del Río. Es necesaria su consulta para cualquier proyecto extractivo que afecte a la región. La guardiana Maryuri Mosquera explica en la entrevista que se trata de un cuerpo colegiado que hace de intermediario entre el nivel organizativo institucional y el comunitario. “Garantizamos la supervivencia del pueblo chocoano en sus formas ancestrales de vida. Así mismo, tenemos una campaña para que todas los habitantes se sientan guardianes y de crear conciencia”, apunta la también ingeniera agrónoma Mosquera. Quieren poder combinar los planes de desarrollo departamentales decididos desde Bogotá con su manera de entender la agricultura, la minería tradicional o la ganadería.

La tutela presentada por las organizaciones étnico territoriales del Atrato, participantes del Foro Interétnico Solidaridad Chocó es una respuesta a un modelo de desarrollo que se ha impuesto en la región y que ha convertido al río Atrato en espacio que recoge los cadáveres que bajan por su cuenca, en imposición de proyectos que no generan bienestar para su población sino muerte, desplazamiento forzado, despojo del territorio y de los bienes naturales En cambio para los habitantes el Atrato es vida, mito, memoria, vía de comunicación, recreación, caños, quebradas y pesca.

Uno de los artículos académicos pioneros en el campo del Derecho fue el de un jurista estadounidense, Christopher Stone, con el título: ¿Los árboles tienen acceso a los tribunales? Allí esbozo ideas de como durante la Modernidad Occidental se han ido reconociendo otros sujetos con derechos: mujeres, niños, esclavos, minorías étnicas y organizaciones sociales como empresas, ONG, partidos políticos y primates como personas no humanas. Uno de los ejemplos que utiliza Stone es como en las sociedades esclavistas era el dueño el único quien podían reclamar una compensación. Lo comparara con las secuoyas centenarias del Mineral King Valley que la compañía Disney quiso talar para construir un parque de atracciones al considerar que los propios árboles debían dejar de ser objetos, sino sujetos vivos con plenos derechos .Estas figuras de protección de ecosistemas nacen a finales del siglo XX en varios países que sufrían crisis medio ambientales severas: Argentina, Birmania, Nigeria, Ecuador, Nueva Zelanda,o más recientemente la India con la protección del Ganges (uno de los ríos más contaminados del mundo).

¿Es posible otorgarle a un río derechos como si de una persona se tratase? En América Latina muchas de las Constituciones han ido incorporando valores y tradiciones ajenas al derecho occidental en las cuales prima la defensa de los pueblos amerindios, del territorio natural, la Pachamama, de las generaciones futuras y de la defensa de su cultura milenaria. Y es algo que choca con el pensamiento occidental de las sociedades industriales que cada vez han ido haciendo una división mayor entre lo humano y lo natural, considerando a la naturaleza como algo que necesariamente debe ser controlado. Proteger legalmente el río es proteger al mismo tiempo a las comunidades que lo habitan.