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El día 13 de octubre se conmemora cada año el Día Internacional para la Reducción de Desastres. El objetivo de esta celebración es la promoción de una cultura mundial para la reducción de desastres. 

El lema escogido para 2016 es especialmente intuitivo y cercano a la sociedad: “Vivir para contarlo”. Dicho aspecto se enmarca dentro de la campaña Sendai siete, lanzada por la Agencia de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastre  (UNISDR) que establece las siguientes 7 metas durante los próximos 7 años (2016-2022).

  • 2016 – Meta 1: Reducir considerablemente la mortalidad mundial causada por los desastres para 2030, buscando que la mortalidad mundial promedio entre 2020 y 2030 sea inferior en 100.000 a la mortalidad registrada en el período 2005-2015;
  • 2017 – Meta 2: Reducir considerablemente el número de personas afectadas en el ámbito mundial para 2030, buscando que la cifra promedio mundial entre 2020 y 2030 sea inferior en 100.000 a la cantidad registrada en el período 2005-2015;
  • 2018 – Meta 3: Reducir para 2030 las pérdidas económicas directas ocasionadas por los desastres con relación al producto interno bruto (PIB) mundial;
  • 2019 – Meta 4: Reducir considerablemente los daños causados por los desastres en las infraestructuras esenciales y la interrupción de servicios básicos, en particular en las instalaciones educativas y de salud, entre otras cosas mediante el aumento de su resiliencia para 2030;
  • 2020 – Meta 5: Aumentar considerablemente el número de países que cuentan con estrategias nacionales y locales para la reducción del riesgo de desastres para 2020;
  • 2021 – Meta 6: Aumentar considerablemente la cooperación internacional con los países en desarrollo mediante un apoyo adecuado y sostenible para complementar sus acciones nacionales para la aplicación de este Marco para 2030;
  • 2022 – Meta 7: Aumentar considerablemente la disponibilidad y el acceso de las personas a sistemas de alertas tempranas para múltiples amenazas, al igual que a información y evaluaciones del riesgo de desastres para 2030.

La importancia de la meta en la que nos centramos este año es indiscutible ya que durante 2005 y 2014 se han producido una media de más de 70.000 muertes anuales por desastres. Si tenemos en cuento los grupos más afectados, destacaremos la importancia de aplicar un enfoque diferencial sin el cual, será imposible el cumplimiento de dicha meta. Los datos muestran que el impacto de los desastres en mujeres, niños y niñas es altamente desproporcionada, la probabilidad de que estos/as mueran debido a un desastre es hasta 14 veces mayor que la de los hombres. Además  del nivel de afectación que sufren las personas con alguna discapacidad, las personas mayores y la población indígena.

Vivir para contarlo, lema aparentemente sencillo, pero con ingentes implicaciones. ¿Estaremos a la altura este año?