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Después de un tira y afloja en su arranque, y gracias a las enormes presiones de la comunidad internacional, el pasado 21 de abril empezaron en Kuwait las negociaciones de paz para poner fin al conflicto de Yemen. Previstas inicialmente para el día 18, las conversaciones se habían pospuesto indefinidamente tras la ausencia de los representantes de los huzíes y del partido de Ali Abdulá Saleh, críticos con la continuación de los bombardeos que Arabia Saudí, en apoyo a sus aliados locales liderados por el presidente Mansur Hadi, realiza sobre sus posiciones a pesar del alto el fuego decretado el día 10 de este mes.

 

 Al hilo de esa primera reunión, el enviado especial de la ONU, el diplomático mauritano Ismail Uld Sheij Ahmed, recalcó en rueda de prensa la importancia de que los dos bandos “insistan en la necesidad de consolidar el alto el fuego”. También lo recalcó ayer el Consejo de Seguridad de la ONU junto con la importancia de reinstaurar el control del Gobierno sobre las instituciones del Estado. Este debe ser el primer paso para poner fin a un choque que, desde su recrudecimiento en marzo de 2015, ha causado ya más de 6.300 víctimas mortales (la mitad civiles y 900 de ellos niños y niñas). A eso se suma una crisis humanitaria que, según datos de la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios (OCHA) se traduce en que:

 

 

 

  • 21,2 millones de personas necesitan asistencia humanitaria (de una población total de unos 26 millones de habitantes),
  • 14,4 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria,
  • 2,5 millones de personas son desplazadas internas,
  • 1,8 millones de niños y niñas tienen riesgo de malnutrición,
  • Más de 29.600 personas han sido heridas y
  • De las 22 provincias de Yemen, 10 están al borde de la hambruna.

 

Análisis del conflicto

 

1. Factores clave:

 

 Yemen es un país sin mucha presencia en los medios y podría decirse que olvidado por una gran parte de la opinión pública. Sin embargo es de los más poblados de la península arábiga (después de Arabia Saudí) y tiene una extensión similar a la de Francia. Se le empezó a dar cierta importancia con la irrupción de Al Qaeda en los medios de comunicación, las movilizaciones que provocaron la caída de Saleh y el conflicto actual con la rebelión de los huzíes. Pero aún así sigue siendo un conflicto olvidado.

 

 Indagando en la historia de Yemen y en las raíces del conflicto actual se pueden destacar los siguientes factores que enraízan en la sociedad yemení y que hace necesario que los acuerdos de paz lleven a soluciones duraderas y sostenibles a largo plazo:

 

 A) Una sociedad dividida

 

Por un lado están los factores religiosos, étnicos y geográficos. La población estaba dividida entre Norte y Sur antes de la unificación de 1990 y ambas regiones seguían sus propias dinámicas sociales, políticas y culturales. Además de esta división geográfica, en ambas regiones hay tribus distintas con intereses contrapuestos en ocasiones y están presentes dos facciones del Islam con los chiíes en el Norte y los suníes en el Sur.

 

 Una vez estallado el conflicto, estas divisiones se articulan en dos bandos principales: en el Norte los huzíes, o el partido de Ansar Allah (partido de Dios); y en el sur el Movimiento Secesionista del Sur, o Hiraak al – Janoubi.

 

 También hay factores demográficos a tener en cuenta. Según datos del Banco Mundial (2008-2014) el total de la población ha pasado de casi 22 millones en 2007 a más de 26 millones en 2014 lo que supone una tasa de crecimiento de la población del 2,5% anual. Esta presión demográfica está también acompañada de una esperanza media de vida de 64 años y una tasa de fertilidad de más de 4 hijos por mujer. La presión demográfica es un factor clave a tener en cuenta, cuando se considera que gran parte de la población no logra cubrir sus necesidades más elementales y que las autoridades yemeníes no se han mostrado muy diligentes para desarrollar unos sistemas sociales, económicos y políticos inclusivos.

 

 B) Inestabilidad política y guerra civil

 

La inestabilidad política es un rasgo permanente de la historia nacional desde la unificación del país. En paralelo a un continuo aumento del gasto militar- que en ningún momento ha bajado del 4% del PIB desde 2008- Yemen ocupa posiciones destacadas a nivel internacional por la ausencia de libertades políticas y el alto grado de corrupción[1]- con una puntuación de 18 sobre 100, que sitúa a Yemen en la posición 154 de 168. Lo mismo cabe decir en términos de escasa libertad de prensa, imperio de la ley e independencia judicial. Todos ellos son factores que explican las movilizaciones ciudadanas de 2011, que desembocaron en la caída de Saleh (23 de noviembre) y su sustitución por Hadi.

 

 El descontento con los planes del nuevo presidente- mano derecha del ex presidente Saleh-, así como su tradicional marginación de los procesos de decisión política fue lo que impulsó a los huzíes a desencadenar una nueva rebelión contra Hadi. Lo que empezó como un golpe de mano ha terminado en una guerra civil provocada en parte por la negativa de Saleh a admitir su derrota y las intenciones de Hadi de reformar la estructura territorial (creando seis regiones, en lugar de las dos que prefieren los huzíes).

 

 El Partido del Congreso Popular, fundado por Saleh en 1982, ha estado en el gobierno desde la unificación del país (y antes en Yemen del Norte). Tras la caída de Saleh y el nombramiento de Hadi, el partido ha entrado en fase de descomposición, con un creciente enfrentamiento entre los partidarios de ambos (al igual que ocurre en el seno de las fuerzas armadas). En un intento por recuperar el poder Saleh y sus seguidores se han aliado con los huzíes provocando una guerra civil, en la que se han implicado igualmente importantes actores externos. Así, por un lado, Irán apoya a los huzíes y sus aliados y, por otro, Arabia Saudí y algunos países del Consejo de Cooperación del Golfo apoyan al bando de Hadi, en lo que algunos han calificado de enfrentamiento por el liderazgo regional.

 

 Además otro partido con considerable presencia social y política ha tomado parte en el conflicto: el Partido Islamista Al – Islah. Más que en un partido político al uso, Al Islah deriva de una confederación de tribus aliada del movimiento de los Hermanos Musulmanes. Esta relación con los Hermanos Musulmanes le valió la calificación de organización terrorista por algunos países vecinos, incluido Arabia Saudí, que lo había financiado en sus inicios. Ahora, sin embargo, ha retomado esa relación al unirse a Hadi contra los huzíes, tratando de aprovechar la circunstancia para incrementar su poder y apoyo político.

 

 C) Panorámica de una economía: pobreza, desempleo y desigualdad

 

En el marco de una economía estructuralmente débil, destaca el alto nivel de desempleo[2], con una tasa actual cercana al 20%, y del 33,7% entre los jóvenes. En términos de pobreza[3] un 9,8% de la población vive con menos de 1,25$ de PPA al día, y un 50% vive en situación de pobreza multidimensional. A esto se añade que sólo la mitad de la población tiene acceso a agua potable, o que solo 22,6 personas de cada cien tienen acceso a Internet.

 

Además de pobre, Yemen es un país de enormes desigualdades[4], que se reflejan en un Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad[5] de 0,3; una desigualdad en la educación del 48,1%; y un IDH global de 0,498. Todo ello sitúa a Yemen en la posición 160º a nivel internacional. Mientras se considera que sus reservas de hidrocarburos[6] se agotarán no más allá de 2017, es inquietante también la previsión que establece que la capital, Sana’a, agotará su reserva de agua en 2025.

 

 

 

¿Qué ha pasado en Yemen?

 

Los huzíes y Saleh

 

Los huzíes, chiíes en su gran mayoría, agrupan a una mancomunidad constituida por grupos afines con una proyección religiosa muy influida por el ejemplo iraní, a través de las  directrices propagadas por Husein al – Huzi, que había sido parlamentario y mantenía buenas relaciones con Saleh. Dado que este primer líder era zaydí (facción de los chiíes), esta comunidad pasó a ser el referente principal de un movimiento que trata de liderar tanto una reclamación en clave religiosa como otra sociopolítica, derivada de la histórica marginación de la región que constituye su principal feudo en las montañas del norte.

 

Desde su inicial levantamiento en 2003, reclamando más atención a sus aspiraciones políticas y religiosas, se han producido seis guerras o enfrentamientos entre huzíes y el gobierno de Saleh. Un gobierno que logró contar con el apoyo estadounidense, con G. W. Bush embarcado en la “guerra contra el terror”, en la medida en que ambos acodaron identificar como terroristas a los huzíes[7]. Estados Unidos, de hecho, viene desarrollando al menos desde 2004 operaciones armadas contra los grupos yihadistas que operan en Yemen (tanto Al Qaeda en la Península Arábiga[8], como Daesh y otros que han aprovechado el clima de violencia generalizada de estos últimos años).

 

En el nuevo contexto violento, sin embargo, los huzíes y los partidarios de Saleh han vuelto a sumar fuerzas contra el gobierno central.

 

Guerra civil

 

La entrada en escena de Hadi permitió poner en marcha en 2012 una Conferencia de Diálogo Nacional, que buscaba resolver los problemas nacionales aunando a los principales partidos del país, cerrando las fracturas provocadas por la caída de Saleh y el ascenso de Hadi al poder, y moderando las ansias de los movimientos secesionistas (huzíes en el norte y Al Hirak al – Janoubi, en el sur). La idea central, que colapsa en 2014, era crear un Estado federal estructurado en seis regiones.

 

El rechazo frontal de los huzíes a esa propuesta se traduce en la toma de la capital en septiembre de 2014, con el apoyo o inacción de las fuerzas leales al ex presidente Saleh. Eso les permite encerrar a Hadi en su propia residencia y secuestrar a Bin Mubarak, jefe del gabinete presidencial. En enero de 2015, firman un acuerdo por el que ambas partes se comprometen a revisar la nueva Constitución y dos días más tarde Hadi presenta su dimisión, por el incumplimiento de los huzíes de liberar a Mubarak y desalojar la residencia presidencial, que no es aceptada por el Parlamento. A finales de febrero, el presidente Hadi logra escapar del control huzí y huye hacia la ciudad portuaria de Adén, en el sur, declarando nulas todas las medidas que los huzíes habían impuesto en la capital. El Consejo de Cooperación del Golfo pide a la ONU que autorice el uso de la fuerza para restablecer la legitimidad del gobierno de Hadi, lo que se plasma en la Coalición liderada por Riad a la que se van sumando Kuwait, Pakistán, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Egipto, Sudán y Marruecos.

 

Intervención extranjera

 

La Operación Tormenta Definitiva, con liderazgo saudí y apoyo logístico y de inteligencia de EEUU, intenta repeler a las milicias huzíes, AQPA y al Daesh en Yemen, presente en el país desde finales de marzo de 2015. Desde entonces se ha incrementado la violencia, con frecuentes crímenes de guerra cometidos por todos los combatientes contra una población civil que ha sido la más afectada. El gobierno de Hadi, que permanecía en Riad desde que los huzíes apoyados por las fuerzas leales a Saleh tomaran Adén, regresó a la ciudad portuaria en septiembre, tras su recuperación por la Coalición. Actualmente el tiempo corre a favor de las fuerzas que apoyan a Hadi, que ya tienen a su alcance la recuperación de Sana’a. En paralelo, sin embargo, el descontrol ha permitido el avance de AQPA y de Daesh, lo que pone en peligro la estabilidad del resto de la región.

 

Queda por ver ahora hasta dónde llegan las conversaciones de paz iniciadas en Kuwait, entendiendo que ni siquiera en el caso que se alcance un acuerdo cabe dar por terminado el conflicto. Pero no hay prisa, ya que como dijo Sheij Ahmed ayer tras la reunión en la que se alcanzó un “marco general” para comenzar las negociaciones de paz: “queremos tomar el tiempo que sea necesario, porque no queremos volver al Yemen sin paz”.

 

Crisis humanitaria

 

Mientras tanto, queda también por resolver la grave crisis humanitaria que ya denunció OCHA a finales de 2014, cuando estimó que el 61% de la población yemení necesitaba ayuda humanitaria.

 

La ONU solicitó ayuda y en 2015 sólo se recibió el 50% del llamamiento, aunque desde junio la capacidad operacional se dobló, con 103 organizaciones trabajando en terreno. Muchas áreas eran y siguen siendo, de difícil acceso, como en Taizz, como consecuencia de los bombardeos aéreos o por los numerosos puntos de control. Con la estabilización del alto el fuego se espera tener más acceso a esas zonas.

 

El Plan de Respuesta Humanitaria Yemen (YHRP) es la solución que presenta OCHA a la crisis. Fue lanzado el 18 de febrero de este año y necesita reunir 1.800 millones de dólares para dar respuesta a las necesidades más perentorias. La mayoría de la asistencia inmediata se necesita en los sectores de alimentación, salud y agua, saneamiento e higiene.

 

Habrá que seguir el proceso de negociación en Kuwait para ver si efectivamente se va a alcanzar un acuerdo de paz que consolide un gobierno central y ponga fin a las aspiraciones secesionistas tanto de los huzíes como de al – Janoubi. Igualmente queda pendiente una respuesta seria a las necesidades de su población; con un gobierno legítimo que la represente y que luche unido contra el terrorismo y las posiciones de AQPA y Daesh en la región.

 



[1] Según Transparency International.

[2] Datos del PNUD y de su índice de desarrollo humano.

[3] Datos del PNUD y de su índice de desarrollo humano.

[4] Datos del PNUD y de su índice de desarrollo humano.

[5] El IDH-D toma en consideración no sólo los logros medios de un país en los ámbitos de la salud, la educación y los ingresos, sino también cómo se distribuyen esos logros entre los ciudadanos, “descontando” a la media de cada dimensión un valor que depende del nivel de desigualdad del país (PNUD).

[6] Historia Yemen: Yemen en la actualidad. Disponible : http://www.lonelyplanet.es/destino-asia-yemen-103-historia.html

[7] Los huzíes por proximidad ideológica y religiosa mantenían lazos con Irán, asunto que molestaba al gobierno de Saleh aliado con Arabia Saudí.

[8] AQPA o Al – Qaeda en la tierra de Yemen se forma en 1999 y desde 2000 se sitúa en el este de Adén desde donde realiza atentados contra el USS Cole, en 2000, y el petrolero francés Limburg, en 2002. Su expansión provoca una confrontación directa con el gobierno que se une a EEUU después del 11-S para combatirlo. Desde entonces la lucha contra AQPA ha estado mezclada en el conflicto interno yemení.