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El movimiento jihadista internacional ha dado un nuevo paso en su política de comunicación al lanzar la primera revista mensual en inglés, Jihad Recollections. Según sus editores, la revista, que por el momento sólo se publicará en Internet, pretende dirigirse a las comunidades musulmanas de habla inglesa que viven en Europa y EE UU (de ahí la contradicción de utilizar el idioma del “enemigo”). En su contenido detalla los últimos acontecimientos políticos, económicos y bélicos relacionados con la jihad, además de apuntes sobre diversas tendencias sociales y religiosas.

En las setenta páginas de su primer número, disponible en los foros jihadistas habituales, hay un apartado sobre nuevas tácticas bélicas donde, por ejemplo, se recomienda el uso de visores nocturnos para las operaciones de Afganistán y se informa de los últimos acontecimientos en este país y en Iraq. También informa sobre las posibilidades que brinda el uso de granadas electromagnéticas para, por ejemplo, destruir centros de comunicaciones (éstas son armas de última generación, ya utilizadas por EE UU). En el plano ideológico, recomienda extender la jihad a dos territorios considerados ahora clave, como Somalia y Gaza, donde grupos que consideran afines operan, sin embargo, sin un marco de actuación global.

La revista es novedosa por su apelación a las comunidades musulmanas europeas y estadounidenses, en su propio idioma, pero está lejos de significar un cambio de tendencia en la forma de operar de numerosos grupos terroristas, de forma destacada aquellos vinculados en diversos grados de cercanía a Al Qaeda. Estos grupos han entendido que el terrorismo tiene un fuerte componente de guerra psicológica y que la propaganda forma, por tanto, parte indiscutible del mismo. La proliferación de nuevas tecnologías de la información y la comunicación les ha permitido dar un salto cualitativo en esa materia.
Un estudio realizado en 2007 por varios investigadores estadounidenses analizó las páginas de Internet de 86 grupos terroristas/extremistas ubicados en Oriente Medio, teniendo en cuenta su nivel de sofisticación técnica, la riqueza de contenidos y la interactividad. En la investigación lograron acceder a 200.000 documentos multimedia en las web de estos grupos, caracterizados por altas posibilidades de interactuar. Más significativo aún: al comparar estas web, usando los mismos parámetros, con las de algunas de las principales agencias del Gobierno estadounidense, los resultados fueron sorprendentes. Si en riqueza de contenidos éstas últimas llevaban ventaja, no era así en cuanto al uso de tecnología avanzada o la presencia de contenidos multimedia, en donde la ventaja era para la llamada “Dark Web”. Otro elemento destacable era el elevado nivel de uso de foros y “chat rooms”.

Todos los estudios muestran que Internet y las nuevas tecnologías se han convertido en un instrumento preferente que estos grupos utilizan para comunicarse y para dirigirse a diversas audiencias. Y no se trata sólo de grupos vinculados al jihadismo, como Al Qaeda y sus distintos asociados, o al islamismo como Hezbolá o Hamás, entre otros, sino que también los usan otros de corte nacionalista y/o separatista (como el PKK- de Turquía-, el LTTE- de Sri Lanka-, o ETA), revolucionarios (como las FARC o Sendero Luminoso), o milenaristas (como Aum Shinrikyo en Japón). Entre las ventajas de estos medios figuran el fácil acceso, el bajo coste, el anonimato en las comunicaciones, la escasa regulación o control sobre sus contenidos en la mayoría de los lugares, el acceso a una audiencia potencialmente global o la posibilidad de colgar contenidos multimedia- no solo textos, sino también gráficos, audio, vídeo, etc.

Terrorismo y propaganda

A pesar de años de debates académicos y políticos, nunca se ha alcanzado una definición consensuada de qué es el terrorismo. Se trata de un concepto complejo, subjetivo y, desde hace unas décadas, con fuertes connotaciones negativas, y esto ha impedido lograr una definición única (se estima que actualmente puede haber más de 200 definiciones). Sin embargo, en algunos puntos hay acuerdo mayoritario: se trata de una modalidad de violencia política, dirigida a lograr cambios en la situación política (o el regreso al statu quo, en algunos casos), donde la víctima se elige al azar o por su valor simbólico para enviar un mensaje a un público más amplio. Tiene, por tanto, un fuerte componente de comunicación y propaganda. Ya en el siglo XIX, los anarquistas rusos hablaban de “propaganda a través de los hechos” y, en los años setenta del pasado siglo, uno de los principales teóricos de la materia, Brian Jenkins, hablaba del terrorismo como teatro: “los terroristas no quieren a un montón de gente muerta, sino a un montón de gente observando”.

Actualmente, y con la expansión de las nuevas tecnologías de la información, el alcance de esa comunicación y, por tanto, de la guerra psicológica, puede llegar a ser global. La miríada de grupos ligados en distintos niveles a Al Qaeda ha dado una gran importancia a esta vía de comunicación. En sus web pueden encontrarse documentos de vídeo y audio, CDs y DVDs que se pueden comprar o descargar, fotografías, pósters, convocatorias, etc. Entre sus mensajes fundamentales están la justificación de la violencia (en general, presentándola como última respuesta frente a la agresión y la opresión), la amenaza al enemigo (por ejemplo, difundiendo vídeos aterradores como las decapitaciones), las reivindicaciones, etc.

Los nuevos medios permiten a los grupos terroristas acceder directamente a audiencias en todo el mundo, sin tener que pasar por los “filtros” editoriales que tradicionalmente aplicaban los medios como la televisión, los medios impresos o los radiofónicos. Esto significa que tienen un control directo y absoluto sobre el mensaje que difunden y que no deben modularlo en función de terceros. Los mensajes de Bin Laden son bien ilustrativos de esto.

El desarrollo y cada vez mayor sofisticación de los vídeos ha llevado a algunos analistas a hablar de “mini” directores de cine. Al principio, en los años ochenta, los vídeos contenían principalmente discursos de líderes radicales, o imágenes de fondo de la guerra de Afganistán. Pero gradualmente se han convertido en una potente arma de marketing. Si se piensa, por ejemplo, en la decapitación del periodista de The Wall Street Journal, Daniel Pearl, se puede pensar en la fascinación y horror de la audiencia que ve, en directo, cómo una persona va a ser -y es- asesinada.

Las nuevas tecnologías, sin embargo, no se utilizan sólo con fines informativos o propagandísticos, sino para la búsqueda de información, para recaudar fondos y con fines de reclutamiento y movilización. Más aún, es precisamente la existencia de estos nuevos medios uno de los factores clave para que muchas de las organizaciones terroristas actuales sean menos jerárquicas y más descentralizadas, lo que les permite que puedan operar en red mucho más que sus antecesores: a través de Internet se puede compartir información (por ejemplo, “La Enciclopedia de la Jihad”, de Al Qaeda, con instrucciones detalladas sobre cómo constituir una célula terrorista y preparar un ataque, o manuales diversos sobre fabricación y uso de explosivos). Y más aún, se puede utilizar para planificar y coordinar ataques entre personas distantes geográficamente, como demostraron quienes cometieron el 11-S.

Jihad Recollections y las nuevas audiencias

La última revista asociada a este universo está escrita en inglés y va acompañada por un vídeo promocional. Se trata de un nuevo canal de comunicación que se suma a los ya existentes, que se difundirá en foros y chats afines, y que pretende “facilitar” las cosas a aquellos potenciales simpatizantes que viven -o han nacido- en Europa y EE UU y se expresan más fácilmente en este idioma. Esto no es una innovación radical sino un paso más allá en las tendencias mencionadas.

Tradicionalmente se ha debatido sobre la relación entre el terrorismo y los medios y sobre si, por ejemplo, éstos deben dar o no cobertura a los actos terroristas, o sobre si serían justificables ciertas formas de censura. La relación del terrorismo con las nuevas tecnologías, aunque aún no muy estudiada, comienza a generar debates similares. Desde ciertos medios gubernamentales existe la tentación de justificar mayores injerencias para lograr un mayor control. La mayoría de la comunidad académica, sin embargo, advierte de que, al igual que sucede con los medios tradicionales, mayores controles y recortes de libertades pueden significar una erosión de la democracia que ponga en peligro la naturaleza de ésta sin lograr a cambio mayor seguridad. Sin una respuesta consensuada a día hoy, se impone la necesidad de debatir una cuestión tan sensible como ésta.

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