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El pasado 13 de marzo el ejército israelí disparó una bomba de gas lacrimógeno que impactó directamente sobre el ojo derecho de Tristan Anderson, un activista norteamericano del International Solidarity Service (ISM) nacido en Oakland hace 38 años. Tras varios días inconsciente, ya puede responder a lo que se le dice moviendo ligeramente los dedos de la mano izquierda, pero continua en estado crítico, con parte de su lóbulo frontal extirpado debido a las astillas de los huesos del cráneo incrustadas en el cerebro. Tristan se encontraba en el interior del pueblo, tras haberse disuelto la última de las manifestaciones semanales que los habitantes de Ni’lin organizan desde hace meses con el apoyo de activistas israelíes e internacionales. Se trató de un disparo de castigo injustificado, y a sangre fría, como puede verse en el video grabado por sus compañeros (http://palsolidarity.org/2009/03/5324), que muestra con total claridad cómo el ejército israelí detuvo abusivamente la ambulancia en la que era evacuado, dejándola proseguir solo tras la presión de activistas israelíes que se encontraban en el lugar.

El ejército israelí empezó a utilizar nuevos proyectiles de gas en diciembre de 2008. Cuando se disparan producen un sonido casi imperceptible. Su uso, dirigido directamente a los cuerpos de los manifestantes, combinando la gran velocidad que toman, la ausencia de sonido al dispararlos y la falta de emisión de gas mientras viajan por el aire, es extremadamente peligroso y potencialmente mortal. En realidad, es mucho más peligroso el impacto del proyectil sobre las personas que los efectos lacrimógenos e irritantes del gas que contiene.

La realidad contra la que Tristan Anderson se manifestaba

El pueblo de Ni’lin está situado en Cisjordania, 26 Km al este de Ramallah. En 1948 el pueblo poseía 580 hectáreas de tierra, que llegaban hasta las ciudades de Ramle y Lod (en la actualidad integradas en Israel). Después de la Nakba (1948), el recién creado Estado de Israel se anexionó 400 hectáreas de esas tierras. Después de la ocupación de Cisjordania (1967), los asentamientos ilegales de Kiryat Sefer, Mattityahu y Maccabim fueron construidos en territorios expropiados a Ni’lin, a lo que cabe añadir nuevas carreteras para dar acceso a los ya existentes asentamientos colonos de Nili y Na’ale. En conjunto, estos nuevos asentamientos y sus infraestructuras ocuparon otras 80 hectáreas de terreno perteneciente a Ni’lin.

Las sucesivas confiscaciones de terreno dejaron Ni’lin con sólo 100 hectáreas de las 580 que tenía originalmente. Los recientes trabajos de construcción del muro de separación en la parte oeste del pueblo, así como el de una base militar más al sur, confiscan otras 25 hectáreas de tierra al pueblo. El gobierno israelí tiene planeado construir también un túnel por debajo de la carretera de uso exclusivo para colonos. Dicho túnel se convertirá en la única vía entrada y salida del pueblo y confiscará otras 2 hectáreas. Ni’lin se convertirá en una prisión al aire libre controlada por Israel en todo momento. En 2010, Ni’lin contará con sólo 23 hectáreas (5% de su superficie original), incluyendo en esta cifra el terreno donde están construidas las casas de sus habitantes, rodeado de asentamientos judíos. En definitiva, un ghetto, un bantustán de personas encerradas y privadas de sus derechos.

La presencia del ISM en Ni’lin

En mayo de 2008 el ejército israelí comenzó a construir la fase del muro de separación en Ni’lin. Es el mismo muro que fue declarado ilegal en julio de 2004 por la Corte Internacional de Justicia de la Haya, quien indicaba, además, en su dictamen la obligación de demoler las partes construidas y de indemnizar a los afectados. Los habitantes de Ni’lin, siguiendo el exitoso ejemplo de la cercana localidad de Bi’lin, formaron un Comité de Resistencia Popular en el que inmediatamente invitaron a participar a activistas israelíes y a internacionales del ISM (www.palsolidarity.org). Comenzaron a manifestarse regularmente contra las obras de construcción de las paredes que les encerrarán. Sin descartar en ningún caso la vía legal en los tribunales israelíes, son conscientes, también de que, pese a la sentencia contraria al muro que Bi’lin consiguió en la Corte Suprema israelí, más de un año después aún no se ha aplicado. Desde entonces, cuatro jóvenes del pueblo han muerto por balas de acero recubiertas de caucho e impactos de proyectiles de gas lacrimógeno. La localidad ha estado sometida a semanas de toque de queda y decenas de sus habitantes han sido detenidos sin cargos.

La novedad de la resistencia en Ni’lin y en la contigua Bi’lin radica en la persistencia con la que cientos de israelíes e internacionales se suman a los habitantes del pueblo desde la filosofía de acción directa no violenta contra un comportamiento abiertamente injusto e ilegal. Ante el agujero negro provocado por la inaplicabilidad del derecho y las sentencias y resoluciones legales favorables a los palestinos- no sólo de la justicia e instituciones internacionales sino de la propia justicia israelí-, dichas localidades han asumido la necesidad de desarrollar un movimiento de derechos civiles de base local y han convocado a activistas internacionales con el objetivo de rebajar, en primera instancia, la violencia directa derivada de la ocupación, y contribuir a extender el conocimiento internacional de su causa.

¿Qué es el International Solidarity Movement?

Los activistas del ISM representan, en opinión de muchos, turistas revolucionarios, jóvenes inmaduros y radicales que viajan a Palestina en búsqueda de emociones fuertes e interesantes historias que contar a su regreso. Una lectura más descriptiva los presenta como personas comprometidas en la acción directa no violenta, perfectamente formadas y entrenadas, plenamente conscientes de su papel, de su utilidad y, ante todo, sujetos de un imperativo categórico cada vez más claro: “ante la inacción de la comunidad internacional oficial, es la hora de los hechos y no de las palabras, de la apropiación del espacio por parte de la sociedad civil”. Ya ha pasado tiempo desde su fundación en 2001, cuando un grupo de activistas decidió encerrarse junto al asediado Yaser Arafat durante el bombardeo de la Muqata en Rammallah. En aquel momento quedó claro el papel de interposición de civiles desarmados en cuanto disuasor de la violencia y como llamada de atención al mundo sobre lo que allí sucedía.

Desde entonces, cientos de voluntarios han pasado por los Territorios Ocupados Palestinos, presionando junto a la población palestina en los puestos de control que impiden su movilidad, protestando contra las obras de construcción del muro, interponiéndose en toques de queda militares para que los niños puedan ir a la escuela o las ambulancias lleguen a los hospitales, documentando los ataques de colonos contra palestinos en Hebrón y durante la campaña de recogida de la aceituna, introduciéndose en casas con orden de demolición ilegal para dificultarla y, eventualmente, llamando la atención internacional sobre la injusticia que supone la política de expulsión de población.

Finalmente, desde agosto de 2008, el ISM ha retomado la presencia internacional permanente en la Franja de Gaza- que había sido suspendida tras el asesinato en el campo de refugiados de Rafah, aún impune, de la activista del ISM Rachel Corrie el 16 de marzo de 2003. Un bulldozer caterpillar D-9 israelí le pasó por encima, partiéndole la columna vertebral, mientras trataba de detener la demolición de una casa palestina. Pocas semanas después un francotirador israelí le voló la cabeza al activista británico Tom Hurndall, también en Rafah.

Apenas un mes más tarde, Brian Avery fue tiroteado en Jenin mientras rompía un toque de queda junto a un grupo de civiles palestinos.

Tristan sobrevivirá, aunque todavía no se sabe en qué condiciones. Su ejemplo, como en su día lo fue el de Rachel, Tom o Brian movilizará conciencias y aumentará el número de voluntarios que se sumen a la resistencia no violenta palestina (como el grupo de siete personas que, por ejemplo, permanece en la Franja de Gaza desde agosto de 2008). En Gaza, los miembros del ISM fueron los únicos extranjeros que le contaron al mundo lo que allí sucedía, venciendo la prohibición israelí de que los periodistas informasen desde el terreno, y todavía continúan, cada día, acompañando a campesinos palestinos que tratan de recuperar sus tierras de cultivo, su único medio de subsistencia, combatiendo a través del trabajo diario la declaración militar israelí de sus tierras como “zona militar cerrada”.

En uno de sus últimos vídeos (http://www.youtube.com/watch?v=vDD8ANFgwtA), Vitorio, voluntario italiano que ya informó desde el terreno de los ataques sobre Gaza, elegía como título “la última vez que me mataron”. Es digno de que todos seamos testigos de ese ejemplo para reflexionar sobre el ejemplo ético que representa su presencia constante sobre el terreno, junto a la población palestina.

Mapa de Ni’lin, los asentamientos y el muro.