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(Para El País)

Como si no hubiese aprendido nada después de seis guerras y dos Intifadas, Israel ha optado nuevamente por las armas. Su brutal superioridad en todos los órdenes le garantiza que no será eliminado por la fuerza, pero también sabe que nunca logrará sus objetivos por esa vía. Sin embargo, se ha embarcado ahora en una campaña que une a la violación del derecho internacional, la crítica internacional y el error de poner sus ejércitos al servicio de intereses electorales, todo ello sin posibilidad real alguna de eliminar a Hamas ni política ni militarmente.

Tiene de su lado a Estados Unidos y un absoluto dominio militar- con menos de siete millones de habitantes se ha convertido en el sexto importador mundial de armas y en el quinto exportador, dedicando a defensa más del 10% de su PIB-, que incluye armas nucleares y químicas nunca declaradas. Le favorece asimismo la experiencia reciente de su confrontación con Hezbola y su radical desprecio por las normas que regulan la guerra- las bombas de racimo son solo un ejemplo reiterado-, como si un Estado que se proclama democrático pudiera ampararse en el “todo vale”.

Las milicias de Hamas, por el contrario, parten de una innegable inferioridad militar, pero no por eso dejan de tener bazas considerables para mantener el envite. Además de su propia experiencia en la guerra irregular, disponen de los arsenales capturados a los cuerpos de seguridad obedientes a la Autoridad Palestina durante su operación de control de la Franja en junio de 2007. Tienen asimismo el apoyo de Hezbola, incluyendo el reciente envío de asesores y combatientes desde Líbano, y mantienen abiertos, pese a Israel y Egipto, los canales de suministro de armas que con financiación iraní y desde Sudán entran en la Franja gracias a grupos beduinos que los trasladan a través de la Península del Sinaí. Eso les permite contar con una incipiente capacidad contracarro y un notable arsenal de cohetes- que ya no son los rudimentarios ingenios fabricados con medios de circunstancias antes de la tregua del pasado junio. Ahora añade los cohetes BM-21 Grad (de 122mm) y, sobre todo, los iraníes Fajr-3 (de 240mm), con un alcance que en poco tiempo podría poner a tiro a Tel Aviv e incluso al complejo nuclear de Dimona. Todo ello en un terreno que conocen como nadie y en el que pueden contrarrestar, si las incursiones israelíes se atreven a entrar en el cuerpo a cuerpo, la teórica ventaja de su oponente.

Dada esa relación de fuerzas y sabiendo que- como han enseñado tantos casos anteriores- las acciones aéreas (con los F-16 y los Apache) nunca producen resultados definitivos, era previsible que Israel se aventurara en incursiones terrestres- aunque no en una invasión o reocupación de la Franja. Si quieren dañar seriamente a Hamas saben que tendrán que entrar en los núcleos urbanos- tan densos y caóticos como cabe imaginar de una Gaza tan poblada-, donde la superioridad de los Merkava y otros blindados se reduce muy considerablemente. Las últimas noticias hablan ya de combates en los barrios del sur de la capital. Si esto se confirma, estaríamos ante una evolución de la campaña que daría a entender que Israel se ha preparado a conciencia para la ocasión.

Las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) llevan instruyéndose en ese tipo de combate desde mediados de 2007, cuando el Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense terminó de construir Baladia. Bajo el nombre oficial de Israel’s National Urban Training Centre, Baladia es una réplica de una ciudad palestina (con mezquitas, calles intrincadas y hasta un campo de refugiados), creada de la nada en apenas dos años en el desierto del Negev con fondos estadounidenses. El apoyo de Washington va más allá del dinero y las máquinas empleadas para convertirse en un episodio más de lo que cabe considerar como una colaboración operativa que trata de aprovecharse de las experiencias mutuas (como ya se ha visto antes tras la invasión de Iraq).

Baladia es un paso equivocado tanto por parte de EE UU como de Israel. No será así como se logren detener los diarios cohetes de Hamas (al que, además, le quedan otras opciones como los atentados suicidas y la captura de algunos soldados israelíes que entren en las calles gazatíes). Israel no logrará garantizar su propia seguridad mejorando su capacidad para matar más palestinos. Por cierto, ¿quiénes hacen de violada población palestina en Baladia?