El próximo 22 de julio a las 15:00h, Development Initiatives, junto con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) celebran el seminario “A stocktake of global humanitarian assistance during the Covid-19 pandemic”.

Development Initiatives presentará algunas de las conclusiones incluidas en el Global Humanitarian Assistance Report de 2020, informe de referencia en el ámbito humanitario internacional. Posteriormente, un grupo de personas expertas compartirán sus reflexiones en relación con la financiación de la respuesta a la pandemia de la COVID-19 extrapolando conclusiones a un nivel más general.

El panel estará compuesto por las siguientes personas:

Moderadora: Christina Bennett, directora ejecutiva, Start Network

  • Angus Urquhart, responsible de acción humanitarian y de crisis, Development Initiatives
  • Ben Parker, editor senior, The New Humanitarian
  • Gloria Soma, directora ejecutiva, Fundación Titi
  • Ugo Gentilini, economista senior, Banco Mundial
  • Maclean Natugasha, director país, Camerún, Consejo Noruego para Refugiados, NRC
  • Equipo humanitario país OCHA-ONU

Se trata de un seminario abierto, pero que necesita inscripción previa. Si lo deseas, puede enviar las preguntas que quieras que se traten en el seminario a la siguiente dirección Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Más información

INDIA-CHINA

 

Para Blog Elcano.

 

Apenas presente de momento en los titulares de las principales cabeceras mediáticas, China e India vienen protagonizando desde hace ya dos meses un duelo fronterizo que, a diferencia de los registrados en los pasados 45 años, parece mucho más que una simple fricción entre vecinos que no han logrado fijar definitivamente sus fronteras. Dado que se trata de dos gigantes, podría parecer que, al hablar de tan solo decenas de muertos en los choques militares registrados hasta ahora y de apenas centenares de soldados desplegados por ambos bandos, estaríamos ante un asunto menor, sin trascendencia alguna en el delicado equilibrio que ambas capitales procuran mantener desde su breve enfrentamiento bélico en 1962.

Los puntos de fricción a lo largo de la llamada Línea de Control Real (LCR) –acordada, pero no fijada de común acuerdo desde dicho año– se ubican principalmente en la fragmentada Cachemira, en la región de Aksai Chin, administrada por Pekín pero reclamada por Nueva Delhi; y la región noreste de Arunachal Pradesh, controlada por India pero que China reclama como parte integrante de la región autónoma del Tíbet. Tras tantos roces bilaterales, ambos pueden aducir siempre que cualquiera de sus acciones es tan solo una respuesta defensiva a una acción previa del vecino. Pero el punto de arranque en esta ocasión cabe fijarlo en octubre del pasado año, cuando el primer ministro indio, Narendra Modi, decidió dar un nuevo paso en su planteamiento netamente nacionalista en clave hindú, revocando el estatuto especial del que gozaba hasta entonces el disputado Estado de Jammu y Cachemira (el único de India con mayoría musulmana). Al dividir en dos dicho Estado (Jammu y Cachemira y Ladakh) y anular su autonomía, además de soliviantar a su población, Modi activó las alarmas tanto de Pakistán como de China, al volcar su presión sobre Gilgit-Baltistan, una región bajo control paquistaní y pretendida por India, que resulta clave para el desarrollo del macroproyecto chino de la Franja y la Ruta, más concretamente del Corredor Económico China-Pakistán.

A eso se une el hecho de que India ha logrado completar, tras 19 años de obras frecuentemente interrumpidas, la carretera DSDBO (Darbuk-Shayok-Daulat Beg Oldie), una sección de la que une Leh (la capital de Ladakh) y el paso del Karakórum, así como otras iniciativas que han permitido a Nueva Delhi mejorar sus posiciones militares para poder moverse en mejores condiciones a ambos lados de la LCR, y responder con mayores posibilidades de éxito al creciente empuje chino en las zonas disputadas. Aunque hay una gran incertidumbre sobre lo que realmente ha ocurrido sobre el terreno, todo parece indicar que el pasado 5 de mayo se produjo el primer choque, cuando efectivos del Ejército Popular de Liberación (EPL) entraron en una zona cercana al lago Pangong, en la región de Ladakh. A esto siguieron otros movimientos más o menos intimidatorios, acompañados de la acumulación de medios por parte del EPL, que llevaron a las tropas chinas hasta el valle del río Galwan, más allá de las localizaciones en las que anteriormente se habían producido enfrentamientos (como Doklam, en 2017). La tensión desembocó, finalmente, en el enfrentamiento directo del 15 de junio, con un saldo de una veintena de bajas indias y un número desconocido de pérdidas por parte china.

Llegados a este punto ninguno de los tres actores en liza tiene fácil salvar la cara sin un coste tal vez insoportable. Entre Islamabad y Nueva Delhi la tensión está en un nivel aún más alto que el acostumbrado, tras la decisión de Modi de atacar territorio de su vecino con aviones de combate, en febrero de 2019, como respuesta a un atentado suicida de un grupo terrorista con presencia en suelo paquistaní que mató a más de cuarenta miembros de una fuerza militar india, respondido de inmediato por Islamabad con el derribo de un avión indio. Conviene recordar que se trata de dos países que ya han chocado en guerra abierta por el disputado territorio de Cachemira, y que ambos poseen armas nucleares.

Por su parte, queda por ver cómo va a responder Modi al avance chino en la zona donde se han producido los últimos choques violentos, sabiendo que no cuenta con el apoyo de una población que se siente cada más abandonada por Nueva Delhi. Si responde, acumulando medios para expulsar al EPL de la zona y destruir las instalaciones que ya ha construido, se arriesga a una escalada en la que no cabe suponer que logre imponerse a la maquinaria militar china. Pero si opta por aceptar la nueva situación, estaría dando por hecho que Pekín es el actor dominante no solo en la región sino en el continente, lo que podría depararle sorpresas muy desagradables en el resto de los puntos calientes a lo largo no solo de la LCR sino también del Índico, donde el llamado “collar de perlas” chino (no solo infraestructuras viarias y portuarias, sino también puntos de apoyo para su flota de guerra) es visto con clara aprehensión por Nueva Delhi.

Una situación como esta da a entender, por un lado, que la vía diplomática practicada por Modi desde 2017, con encuentros personales con Xi Jinping para enfriar los ánimos, no ha dado los resultados apetecidos. Por otro, indica que China no teme el potencial militar de su rival continental, ni a escala global ni tampoco en las regiones en disputa. Interesa en ese punto recordar que Washington, mientras tanto, sigue adelante con su cortejo a Nueva Delhi, calculando las ventajas que le daría contar con un aliado tan relevante en su intento por contener a un rival cada vez más visible.

 

IMAGEN: Frontera entre India y China. Foto: Jeevan Singla. BentheCM (Dominio público)

 

 

ZOOM

 

 

Ya está disponible el vídeo completo del Seminario Web "Localización y liderazgo de organizaciones de mujeres en la respuesta humanitaria a la COVID-19", celebrado el 1 de julio de 2020.

Para reproducir el vídeo completo, por favor haz click en el siguiente enlace:

 

 

"Localización y liderazgo de organizaciones de mujeres en la respuesta humanitaria a la COVID-19"

 

 

[INFORMACIÓN SOBRE LA SESIÓN]

Hace ahora 4 años que las agencias de Naciones Unidas, ONG y gobiernos donantes se reunieron en la Cumbre Humanitaria Mundial celebrada en Estambul. En ella se establecieron múltiples compromisos en relación con la igualdad de género, el cumplimiento de los derechos de las mujeres, su incorporación a las esferas políticas, humanitaria y de desarrollo y su empoderamiento. Fruto también de esta cumbre fue el Grand Bargain, acuerdo por el cual los donantes se comprometían a que al menos el 25% de los fondos destinados a acción humanitaria se gestionara por actores locales y nacionales de la manera más directa posible, lo que se ha venido conociendo como localización.

 

La pandemia de la COVID-19 ha puesto de relieve el valor de algunos de los temas abordados en esta cumbre, destacando de entre ellos, la importancia de la respuesta local. Durante los últimos meses las organizaciones humanitarias, tanto internacionales como nacionales y locales han movilizado todos sus recursos disponibles para hacer frente a los efectos inmediatos de esta pandemia, aunque como en la mayoría de las crisis, estos no son suficientes.

 

El objetivo de este seminario es proporcionar un espacio análisis sobre la importancia de la incorporación del enfoque de género y feminista en la respuesta a la COVID-19 desde una perspectiva local.

 

Intervienen:

 

  • Francisco Rey Marcos, codirector IECAH.
  • Elena Bravo, jefa de la Unidad de Prevención y Evaluación de la Oficina Humanitaria AECID.
  • Cristina Muñoz, directora de programas Alianza por la Solidaridad.
  • Gloria Isabel García Parra, coordinadora humanitaria de Oxfam para Latino América y el Caribe.
  • Clemencia Carabalí, directora de ASOM Colombia.
  • Yolette Etienne, directora de ActionAid Haití.
  • Lakshmi Subramani, directora de ActionAid Liberia.

 

Modera: Ana Urgoiti, patrona de Alianza por la Solidaridad, especialista en acción humanitaria y género.

 

 

netanyahu

 

Para ElDiario.es

 

La anexión de buena parte de Cisjordania, sea de un solo trago o por fases, no es el primer paso ni tampoco será el último. Son muchos los que Israel ha dado en esta dirección en los últimos 72 años.

A fuerza de insistir en el empeño, no solo parece haber perdido la sensibilidad para darse cuenta de ello, sino que también ha acostumbrado a los demás a aceptar como normal lo que no lo es. Porque violar directamente el derecho internacional y resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU –sea en relación con la capitalidad de Jerusalén, los Altos del Golán sirios, el castigo colectivo a la población ocupada o los asentamientos– no es lo normal.

Cabría pensar que a Israel le ocurre lo mismo que a Gregorio Samsa en la Metamorfosis de Kafka. Tras lo que inicialmente su familia recibe como una monstruosidad –su súbita conversión en algo parecido a un insecto– pronto da paso a una nueva normalidad que, a la postre, resulta mortal para él mismo. En este sentido, la comunidad internacional ha terminado anestesiada ante una secuencia imparable de violaciones israelíes que por mera acumulación se han convertido en "normales".

Israel ha denominado 'plan de paz' a lo que para los palestinos tan solo es el certificado de defunción de su sueño político y como resultado de una persistente (y consentida) estrategia de hechos consumados, ha logrado inclinar (¿irreversiblemente?) la balanza a su favor. Todo esto, con el salvoconducto concedido por Donald Trump para que Benjamin Netanyahu pueda proseguir su huida hacia adelante.

Una huida que ha acabado con la justicia pisándole los talones. Su estrategia deja una larga ristra de perdedores. Pierden, en primer lugar, los palestinos que sueñan con un Estado propio, tras haber renunciado en 1947 a aceptar el 44% de la Palestina histórica que les concedía el Plan de Partición (a pesar de ser el 70% de la población). En 1993 no les quedó más remedio que acepar quedarse reducidos al 26% del territorio y, ahora, el plan de Netanyahu es restar otro 30% de la menguada Cisjordania a partir del 1 de julio. El primer ministro israelí asegura que no se trata de una anexión, aunque implica aplicar la soberanía de Israel a partes de Cisjordania que contienen asentamientos y al Valle del Jordán.

A eso hay que añadir que no se ha escuchado la voz de los palestinos durante el proceso que ha llevado hasta aquí, que la anexión remata la discontinuidad física y que el control marítimo, aéreo y fronterizo del 'bantustán' palestino remanente estará en manos israelíes. Solo los que sueñan despiertos encuentran algún resquicio de esperanza política en el futuro. Y, por el camino, la decisión de Netanyahu se lleva definitivamente por delante a la depauperada Autoridad Palestina, con un Mahmud Abbas agotado y sin crédito alguno para pedir moderación a una población que hace tiempo le ha vuelto la espalda.

Pierden también los israelíes porque lo que se avecina no puede tampoco ser la ansiada paz, con el reconocimiento dentro de fronteras seguras por parte de sus vecinos (solo Egipto y Jordania lo han hecho) y con la normalización de relaciones. Nadie duda de la superioridad de fuerza de Tel Aviv, pero tras seis guerras y dos intifadas, nadie puede dudar tampoco de que no hay solución militar al conflicto.

Tratar de imponerse de este modo –sabiendo que Benny Gantz no se atreverá a romper la coalición porque es consciente de que, electoralmente, está en rumbo de caída sin freno– alimenta las opciones violentas tanto de los desesperados que ven arruinados sus proyectos de vida como de los grupos que, en ambos lados, siguen apostando por el "cuanto peor, mejor".

Igualmente, salen muy mal parados los Estados árabes, no solo sumisos ante los fuertes, sino también fragmentados entre sí y visiblemente acomodados a los dictados de Washington y Tel Aviv, lo que difícilmente va a encontrar eco positivo entre sus propias poblaciones. Y lo mismo cabe decir de la Unión Europea, que no ha logrado adoptar una línea de acción común por las diferencias internas entre sus miembros. El bloque comunitario sigue buscando en el diccionario palabras que expresen descontento y rechazo, pero se cuida de que no transmitan ninguna voluntad de pasar a los hechos y de que no hieran la sensibilidad de los gobernantes israelíes.

Estados Unidos, por su parte, dilapida así los últimos vestigios de credibilidad y de liderazgo que le quedan en la calle árabe, con un Donald Trump convertido en el valedor principal de Netanyahu. Trump sigue sin querer entender que, de ese modo, daña los intereses de su propio país, al tiempo que Washington pierde lustre inevitablemente como líder mundial, al bendecir una violación del derecho internacional. Y, en definitiva, pierde toda la comunidad internacional porque nunca es buena noticia que la ONU muestre su impotencia y que no se cumpla el derecho internacional.

A corto plazo, el único ganador es Netanyahu, pero son muchos los responsables de consentir su comportamiento.

 

FOTOGRAFÍA: El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. EFE

 

El año 2019 se ha caracterizado por continuar con la senda de años anteriores y mantener un nivel elevado de actividad. Tras un largo periodo de estudio y reflexión, la Estrategia de Acción Humanitaria de la Cooperación Española 2019-2026, cuya elaboración fue coordinada por nuestro Instituto, fue publicada durante el primer trimestre. De la misma manera, nuestro decimoséptimo informe “La acción humanitaria en 2018-2019: sin cambios en tiempos de incertidumbre’’, junto a Médicos Sin Fronteras-España, vio la luz en noviembre.

Asimismo, hemos desarrollado acciones de formación de la DG-ECHO a nivel internacional y europeo, como miembros del Consorcio liderado por PuntoSud. En ese mismo ámbito hemos participado en el Consorcio Inspire, especialmente en temas de protección y violencia de género en emergencias.

Con nuestro vigésimo aniversario a la vuelta de la esquina, nos enorgullece robustecernos como una institución privada e independiente que busca la sensibilización y la información veraz, sin dejar atrás el valor de la incidencia política en la toma de decisiones que repercuten directa o indirectamente en nuestra agenda y, por ende, en los pilares de nuestra hoja de ruta.

Con ánimo suficiente para mantener el rumbo que nos ha llevado a ser reconocidos como una entidad de referencia, solo nos queda agradecer su colaboración a las organizaciones que nos han apoyado durante el año y, tanto o más importante, a todas las personas que han participado en nuestras actividades y que nos siguen y estimulan a diario.

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