Actualidad

 

 

Los días 22 y 23 de marzo de 2021, la Comisión Internacional Humanitaria de Encuesta celebró su tradicional reunión anual, por primera vez en formato virtual. Francisco Rey Marcos, Codirector del IECAH, forma parte de la Comisión.

 

Durante la reunión, la Comisión se tomó un tiempo para reflexionar sobre el año pasado y las circunstancias extraordinarias de la pandemia. La Comisión ha adaptado sus métodos de trabajo y pudo continuar su trabajo operativo. La Comisión adoptó una serie de decisiones mediante comunicaciones electrónicas. Entre otras cosas, reeligió la Mesa de conformidad con el Reglamento de la Comisión.

 

Durante el último año, la Mesa celebró reuniones virtuales periódicas. Esto facilitó la preparación de decisiones de la Comisión, por ejemplo para ofrecer sus buenos oficios en situaciones de conflicto armado. En 2020, la Comisión ha ofrecido sus servicios a Armenia y Azerbaiyán, así como a Etiopía.

 

La Comisión agradece el continuo apoyo de los Estados. Le complace ver el apoyo significativo e interregional de 31 Estados y comisiones nacionales de derecho internacional humanitario para una promesa sustancial de apoyo a la Comisión. Este compromiso se presentó en la 33ª Conferencia Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

 

Durante la reunión anual, la Comisión también prosiguió sus deliberaciones con miras a seguir mejorando su preparación operativa. En particular, hizo un balance de los avances de los Grupos de Trabajo establecidos en 2019 para agilizar y actualizar las directrices internas y los métodos de trabajo. La Comisión también adoptó el proyecto de presupuesto para el año 2022 que se presentará a los Estados miembros para recibir comentarios de acuerdo con los Procedimientos financieros establecidos por la Comisión.

 

Esta fue la última reunión anual de la Comisión en su composición actual. Los Estados, que han reconocido la competencia de la Comisión, se reunirán en noviembre de 2021 en Berna para elegir a los quince miembros de la Comisión. La Comisión recién elegida celebrará su primera reunión anual en la primavera de 2022 en Ginebra.

 

 

 

 

 

AH-COVID

Presentación

Actualmente el mundo se encuentra en situación de pandemia mundial, identificada por primera vez en diciembre de 2019. Hasta la fecha la pandemia de la COVID-19 ha matado a más de 2 millones de personas y se han reportado más de 96 millones de casos en todo el mundo.

A parte de la crisis económica y de salud pública con las que el mundo está luchando, la COVID-19 ha traído consigo una emergencia de protección global de largo alcance y a largo plazo. Según la Agencia de Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios, OCHA, 235 millones de personas de todo el mundo necesitarán asistencia humanitaria y protección en 2021, un 40% más que en el año 2020.

La pandemia de la COVID-19 ha añadido una nueva dimensión a los retos de protección dentro de la acción humanitaria. Mientras que algunos de los países con mayores recursos del mundo han registrado un aumento asombroso en la demanda de servicios de protección, las personas en países con crisis humanitarias preexistentes, están lidiando con nuevas amenazas de protección, disponiendo de menos recursos para ayudar a mitigarlas.

En el contexto actual existe un mayor riesgo de desplazamiento forzado, de la mano de un aumento de la xenofobia y la estigmatización, un aumento dramático de la violencia de género y discriminación en el acceso a la salud, alimentos, agua potable, educación y servicios legales para estas poblaciones, especialmente los grupos vulnerables y marginados.

Debido al aumento de las necesidades de protección y el impacto en el acceso a servicios y respecto de los derechos humanos de la población de los países con mayor multi-afectación, la comunidad humanitaria se enfrenta a importantes retos, los cuales abordaremos en las sesiones programadas.

Fechas: 6, 8, 12, 13 y 15 de abril de 15:30 a 17:00h.

Sesiones: 

PROGRAMA

 

 

 

AH-COVID

Introduction

The world is currently in a global pandemic situation, first identified in December 2019. To date, the COVID-19 pandemic has killed more than 2 million people and more than 96 million cases have been reported worldwide.

Apart from the economic and public health crises with which the world is struggling, COVID-19 has brought a far-reaching and long-term global protection emergency. According to the United Nations Agency for the Coordination of Humanitarian Affairs, OCHA, 235 million people worldwide will need humanitarian assistance and protection in 2021, 40% more than in 2020.

The COVID-19 pandemic has added a new dimension to the protection challenges within humanitarian action. While some of the world's most well-resourced countries have seen a drastic increase in demand for protection services, people in countries with pre-existing humanitarian crises are dealing with new protection threats, with fewer resources available to help to mitigate them.

In the current context, there is an increased risk of forced displacement, coupled with an increase in xenophobia and stigmatization, a dramatic increase in gender-based violence and discrimination in access to health, food, drinking water, education and legal services for these populations, especially vulnerable and marginalized groups.

Due to the increase in protection needs and the impact on access to services and respect for the human rights of the population in the most multi-affected countries, the humanitarian community faces important challenges, which we will address in the scheduled sessions.

Dates: 6th, 8th, 12th, 13th and 15th April | 15:30 to 17:00h.

Webinars: 

 

AGENDA

 

 

 

isr

 

Para Blog Elcano.

 

A la espera de que se confirmen los resultados definitivos de las elecciones parlamentarias celebradas el día 23, Israel parece abocado a una repetición de lo ya vivido en tantas ocasiones anteriores. Y aunque queda tiempo hasta que el país cuente con un nuevo gobierno, ya es posible extraer algunas conclusiones:

  • Benjamin Netanyahu, a la cabeza del Likud (30 escaños provisionales), se consolida como una figura central en la historia de Israel, convertido ya en el más longevo jefe de gobierno desde su creación en 1948, con una nueva demostración de su notable capacidad de maniobra. Así, por un lado, se ha subido a la ola de una vacunación que se ha presentado como plenamente exitosa (haciendo olvidar el desconcierto de la primera etapa, la indolencia y permisividad ante el desafío negacionista de la comunidad ultraortodoxa, y la racista marginación de la comunidad palestina, tanto en su propio territorio como en la Palestina ocupada). Y, por otro, se ha disfrazado incluso de “Abu Yair” (padre de Yair, copiando la tradicional denominación de los adultos árabes) para cortejar el voto de los palestinos del 48, al tiempo que ha estimulado la fragmentación de la unidad árabe –concretada en la salida de la Lista Conjunta del partido islamista Ra’am (Lista Árabe Unida), que ahora puede resultar decisivo, con su apoyo externo, para apuntalar a Netanyahu como jefe del nuevo gobierno. Previamente, en diciembre pasado, ya había provocado la disolución de la Knéset, con una hábil maniobra que hizo imposible sacar adelante un presupuesto nacional (Israel lleva así desde 2018), incumpliendo el compromiso acordado con su aliado y rival Benny Gantz, líder de un Azul y Blanco que ahora pasa a convertirse en marginal, impidiendo de paso que este último pudiera relevarlo el próximo mes de noviembre al frente del gobierno, como ambos habían acordado el pasado mes de abril.
  • El electorado israelí, al tiempo que va mostrando su hartazgo con una participación declinante (67,2% en esta ocasión), sigue acentuando su corrimiento hacia la derecha, propiciando incluso la entrada en la Knéset de formaciones supremacistas judías, como el Partido Sionista Religioso. Junto a los inevitables Shas y Judaismo Unido de la Torah, que a buen seguro seguirán participando en el nuevo gabinete, los ultraortodoxos aumentan así su peso para forzar la introducción de sus visiones rigoristas en una sociedad que todavía se define como mayoritariamente laica.
  • Los palestinos son, una vez más, los perdedores netos de esta nueva convocatoria electoral. Por una parte, los 1,9 millones que formalmente aparecen como ciudadanos israelíes (de segunda clase) verán disminuida su capacidad para influir en la agenda política, ante la fragmentación interna que han sufrido. Por otra, los 4,8 millones que habitan el territorio ocupado por Israel desde 1967 no pueden esperar ninguna mejora en su bienestar y seguridad, sea cual sea la composición de ese nuevo gobierno. Por si no fuera suficiente, la calculada estrategia de hechos consumados que aplica Tel Aviv en su afán por lograr el dominio total de la Palestina histórica, los mercenarios Acuerdos de Abraham (que también le han supuesto votos a Netanyahu) han demostrado que los países árabes han ido relegando al cajón de la historia la posición árabe en defensa de la causa palestina.  Abandonados por todos y fragmentados internamente, han visto como en esta campaña electoral la ocupación y la anexión –que, en cualquier caso, sigue delante de manera sostenida– no han logrado espacio alguno.
  • Aunque finalmente se logre crear un nuevo gobierno, sea con Netanyahu o con cualquier otro candidato de la derecha al frente, la amenaza de unas nuevas elecciones seguirá estando a la vuelta de la esquina. Por un lado, el propio Netanyahu sigue pendiente de tres causas judiciales en su contra, sin que parezca muy probable que logre apoyos suficientes para forzar una nueva legislación que lo libre definitivamente de una condena. Por otro, quien llegue finalmente a contar con los apoyos necesarios para encabezar el nuevo gobierno va a tener que rodearse de socios escasamente dispuestos a subordinarse incondicionalmente a un líder permanentemente cuestionado, y a cohabitar con líderes de otros partidos con los que mantienen malas relaciones, acostumbrados todos ellos a la traición política y envueltos en una ensoñación que les hace verse como los verdaderos salvadores de la patria.
  • Entretanto, Israel sigue sumido en una crisis económica que ha provocado un significativo aumento del coste de la vida, un 15% de paro y un brutal ensanchamiento de la brecha de desigualdad.

 

IMAGEN: Urna de votación en las elecciones en Israel de 2015. Foto: Heinrich-Böll-Stiftung Israel (CC BY-SA 2.0).