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Seminario web

 

 

En el siguiente enlace puedes ver el vídeo completo del Seminario Web: Representación de Las Migraciones Forzadas en los Medios de Comunicación que fue impartido el pasado jueves 25 de febrero por nuestra compañera Encarni Pindado.

Esta actividad tiene como fin profundizar en un aspecto de primera importancia en las migraciones forzadas. Se analizará la representación mediática de estos fenómenos y el papel de los medios en las políticas migratorias. Tras una presentación por parte de la experta invitada, animamos un pequeño período de debate con los participantes.

Encarni Pindado, es fotoperiodista y documentalista. Trabaja la fotografía desde un aspecto de género, centrada principalmente en temas de migración, Derechos Humanos y contextos sociales en México y Centroamérica. Ha sido finalista del prestigioso premio de fotografía humanitaria W. Eugene Smith Humanistic Photography Award” en 2014 además de haber obtenido numerosos premios por su participación en diversos proyectos. Pindado publica en una amplia gama de medios de comunicación en Europa y EE.UU. como: The Guardian, Al Jazeera, El País, The New York Times, NPR, The Times, BBC, Reuters, EFE, así como alguna ONG como Amnistía Internacional, ACNUR, PNUD, Cruz Roja Internacional, entre otros.

 

 

 

 

EFE

 

Para el Diario.es

 

Los datos no dejan lugar a dudas. En mitad de una crisis económica y de una pandemia, el gasto que los Estados dedican a la defensa no hace más que aumentar. Según el SIPRI, en 2019 el gasto militar mundial alcanzó la cifra récord de 1,77 billones de euros y, a la espera de conocer los datos consolidados del pasado año, para 2021 la consultora Deloitte prevé que habrá un incremento del 2,8%, para llegar dos años más tarde a los 1,94.

Lo mismo está ocurriendo en relación con el comercio mundial de armas, dado que en el periodo 2014–2019 se registró un aumento en las operaciones de compraventa del 5,5% con respecto al quinquenio 2010–2014, con Estados Unidos claramente en cabeza como principal vendedor, España ocupando el séptimo lugar y Arabia Saudí posicionado como primer importador. En 2019, las cien mayores empresas del sector, de las que 41 son estadounidenses, 15 de países de la Unión Europea (UE), 10 británicas y 8 chinas, facturaron un total de 483.800 millones de euros, un 7,4% más que un el año anterior.

 

Se trata de una dinámica en la que también encaja el conjunto de la UE. En 2019 de los 26 miembros de la Agencia Europea de Defensa, Dinamarca es el único que no está integrado, fueron 23 los que aumentaron su gasto en ese campo, llegando a un total de 186.000 millones de euros. De este gasto, 11.281 de ellos serían de España, siguiendo los criterios de la OTAN. No solo se trata de una cifra récord, sino que supone la consolidación de una tendencia alcista que se inició en 2015, revirtiendo un registro a la baja de los diez años anteriores. Esa cifra supuso una subida del 5% respecto a la registrada un año antes y equivale al 1,4% del PIB conjunto de los 26.

 

Compromiso con la OTAN

Uno de los factores que más han impulsado esa tendencia alcista es el compromiso adquirido en la cumbre de la OTAN de 2014, donde acordaron alcanzar en diez años el 2% del PIB de cada uno dedicado a la defensa, 20 de los Veintisiete son miembros de la Alianza. A eso se suma tanto la creciente percepción de que Estados Unidos ya no es un aliado fiable (Angela Merkel dixit), como la amenazante asertividad de Vladimir Putin, sobre todo tras la anexión de Crimea en 2014, el Brexit –aunque son los británicos los que más van a perder, es obvio que la UE también pierde con su salida–, y la progresiva toma de conciencia de que la profundidad de la crisis hace imposible a cualquier Estado en solitario poder cubrir sus necesidades en este terreno.

En términos políticos ese impulso se ha ido concretando, a partir de la aprobación de la Estrategia Global de la UE en junio de 2016, en la búsqueda de una autonomía estratégica que todavía se aproxima lejana. Esa aspiración se ha reflejado en las declaraciones del presidente francés, Emmanuel Macron, refiriéndose a la muerte cerebral de la OTAN y a la necesidad de aspirar a la soberanía estratégica de la Unión, de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, resaltando el carácter geopolítico de su equipo, y del alto representante de la UE para la política exterior y de seguridad, Josep Borrell, planteando que la UE debe dejar de ser el campo de juego y convertirse en un jugador capaz de emplear el lenguaje del poder. Estos son indicios de la mayor ambición de la UE para dotarse de una voz propia en el escenario internacional, aunque las discrepancias internas sean aún notables entre los llamados atlantistas, básicamente los países del este, que prefieren seguir contando con la OTAN como principal cobertura de seguridad, y los europeístas, con Francia a la cabeza, más interesados en potenciar el papel de la Unión en todos los ámbitos.

 

El servicio diplomático europeo

La UE sigue dando pasos, con errores incluidos, para completar el proceso de unión política y convertirse en un actor de envergadura mundial. En el campo diplomático acaban de cumplirse diez años del arranque del Servicio Europeo de Acción Exterior, al tiempo que va cobrando forma una base industrial para la defensa, la ya citada Agencia, unos órganos de planificación y dirección de operaciones, aunque todavía no existe un Cuartel General Estratégico, unidades operativas, aunque los Grupos de Combate, aprobados en 2005, no han sido utilizados en ninguna de las más de treinta operaciones lanzadas hasta ahora, y hasta unos fondos específicos en esta materia, como el Fondo Europeo de Defensa, dotado con 13.000 millones de euros para el periodo 2021–2027. Son medidas controvertidas, que algunos ven como un signo inequívoco de un militarismo trasnochado, pero que para otros son imperativos realistas en la defensa de los intereses propios. El fiasco de Borrell en su reciente visita a Moscú es una buena muestra del riesgo que se corre cuando las palabras no están respaldadas por una voluntad y una capacidad real para hacer frente a los bofetones, aunque sean únicamente diplomáticos.

Tiene, por supuesto, sentido apostar por la autonomía para defender los intereses de una Unión que se considera, con todas sus carencias, el club más exclusivo y más seguro del planeta. Y eso incluye contar, como último recurso, con un sistema de defensa creíble. Pero también lo tiene, y más aún en mitad de una crisis sistémica como la que padecemos, atender a las necesidades sociales de una población crecientemente vulnerable y frustrada. La clave, como siempre, está en decidir la adecuada ponderación entre medios finitos para atender necesidades infinitas. Ojalá sepamos hacerlo.

 

 

IMAGEN: El buque de aprovisionamiento en combate 'Patiño', atracado en Ferrol EFE/Kiko Delgado

 

 

rus

 

Para Blog Elcano.

 

No fue una cuestión personal. El bofetón-humillación-encerrona que el pasado día 5 sufrió el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad a manos del ministro de exteriores ruso, Serguéi Lavrov, no estaba dirigido a Josep Borrell sino a los Veintisiete. Fue, por una parte, una clara señal de la actual falta de voluntad de Moscú para volver a encarrilar las relaciones con Bruselas hacia una senda menos crispada. Y, por otra, fue una demostración más de la debilidad estratégica de un actor tan imperfecto como la Unión.

Desde su entrada en escena como presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen ha querido dejar claro el carácter geopolítico de su equipo de comisarios. No solo alineándose con la Estrategia Global de la UE (junio de 2016), que recoge la ambición de lograr la autonomía estratégica en un futuro indefinido, sino, en palabras del propio Borrell, con voluntad de dejar de ser el campo de juego para pasar a ser un jugador capaz de emplear el lenguaje del poder. Eso es, a buen seguro, lo que se ha querido visibilizar en esta visita (a la que se oponían tanto Polonia como los países bálticos); pero el resultado no ha podido ser más nefasto.

Hoy no cabe esperar que Rusia vaya a modificar el rumbo en sus relaciones con la UE. No solo Lavrov ha vuelto a insistir en que la UE no es un socio fiable, sino que su lista de gestos inamistosos hacia diversos países miembros no deja de crecer. Al igual que es imposible en la actualidad el “reseteo” de sus relaciones con Washington, también lo es con Bruselas. Y sin que sea posible determinar con precisión si fueron las sanciones impuestas por la UE (en lo que algunos ven como seguidismo de EEUU) lo que está acelerando su reorientación hacia Asia, o si ese plan ya estaba previamente en la mente de Vladimir Putin, el hecho es que hoy la Unión ha dejado de ser una prioridad rusa. Putin es sobradamente consciente de que, aunque no deja de aumentar la crispación en el campo político, es muy difícil que los países comunitarios (con Alemania en cabeza) se atrevan a romper unas relaciones económicas que, de hecho, siguen aumentando a pesar de las sanciones impuestas a Moscú desde 2014, con un superávit favorable a Rusia que en 2020 alcanzó los 54.500 millones de euros.

Y eso se traduce en que cuando Borrell llegó a Moscú, por muy loables que fueran sus intenciones (demandar la liberación del disidente Alexéi Navalni y afear a Moscú su comportamiento en el terreno de los derechos humanos), tenía los flancos al descubierto. Una realidad que a Lavrov, al tiempo que pensaba en clave interna (hacer ver a los rusos que el modelo occidental no es envidiable), le sirvió para desactivar a Bruselas, mostrando su desnudez como adversario estratégico. Le bastó para ello responder con el consabido “aquí no ocurre eso [reprimir a disidentes], pero tú más”, sabiendo que, más allá de las palabras, Borrell no contaba con el apoyo unánime de los Veintisiete para subir la apuesta y decidirse seriamente a usar el leguaje del poder. Algo que, desgraciadamente, ya ha quedado también de manifiesto en tantos otros casos como el de las relaciones con China, con Turquía, con Marruecos y hasta con el Estados Unidos de Trump. Ejemplos, todos ellos, que vuelven a mostrar el peso de las consideraciones nacionalistas, hasta el punto de impedir que la Unión pueda tener una voz única en el concierto internacional, sin querer entender que individualmente ninguno de los Veintisiete consigue hacerse oír.

Por eso, agotada la vía alemana del Wandel durch Handel (cambio a través del comercio), las alternativas no hacen más que reducirse. Descartado el enfrentamiento frontal, en términos realistas solo queda aumentar las sanciones y marcar militarmente el territorio. Pero en ese punto vuelve a quedar claro que las sanciones no han funcionado (Rusia no solo está logrando diversificar su capacidad productiva y acumular más reservas de oro en su Banco Central, sino que incluso su industria de defensa es hoy más capaz que hace una década) y, sobre todo, que no hay unión entre los Veintisiete (y eso no solo lo sabe Putin, sino que se dedica activamente a explotarlo). Dicho en otras palabras, Moscú puede aceptar un empeoramiento de las relaciones, contando con que no necesita nada vital de manos de la UE y sabiendo que le vamos a seguir comprando su petróleo y su gas (y el gasoducto Nord Stream 2 es la prueba más palpable). ¿Puede hacer lo mismo la UE?

Lo ocurrido puede ser la puntilla a la política exterior de la Unión, demostrando la incapacidad de los Veintisiete para superar sus resabios nacionalistas. En ese caso, solo nos queda volver la vista a Washington, confiando en que Joe Biden marque los límites que su antecesor no ha querido establecer para frenar la agresividad rusa. Pero también puede convertirse en el punto que nos convenza definitivamente de que –siendo potencialmente la primera economía del planeta y la segunda potencia militar– somos capaces de ponernos de acuerdo sobre una visión y, más aún, una estrategia para frenar a Rusia. Ojalá.

 

IMAGEN: Josep Borrell, alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, vicepresidente de la Comisión Europea, y Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, durante la rueda de prensa en Moscú (5/2/2021). Foto: Vasily Maximov / EC – Audiovisual Service, ©European Union, 2021

 

Los días 3 y 4 de febrero tuvo lugar el taller de especialización ‘’Programas de transferencias monetarias: retos y avances en el ámbito de la acción humanitaria’’, auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en colaboración con el IECAH y CaLP.

Este taller de especialización ofrece la posibilidad de reflexionar, de la mano de especialistas a nivel internacional, sobre las mejores prácticas en los programas de transferencias monetarias desde una perspectiva práctica.

 

Puedes acceder a las sesiones aquí

 

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