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La calidad en la acción humanitaria: análisis de las diferentes iniciativas internacionales

 

portada_doc12Las amenazas a la población de nuestro planeta se han multiplicado de forma exponencial en los últimos años. Desastres naturales y conflictos violentos afectan de diferente manera a las poblaciones y hacen que éstas sean más vulnerables. Como respuesta a estas amenazas y para ayudar y proteger a las víctimas que provocan, nace la acción humanitaria a finales del siglo XIX, cuando Henry Dunant escribió "Un recuerdo de Solferino". A raíz de esta obra, pocos años después se creó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y empezó a conformarse el Derecho Internacional Humanitario (DIH). Después este aliento se fue fortaleciendo con otras muchas organizaciones e instrumentos jurídicos.

En este contexto y durante muchos años, diferentes organizaciones humanitarias han llevado a cabo su labor. Pero, más allá de la necesidad de ayudar, es imprescindible pararse a reflexionar sobre las consecuencias reales que la acción humanitaria tiene, o puede tener, sobre las poblaciones afectadas. Así, a lo largo de la historia, se ha hecho patente la necesidad de que las organizaciones humanitarias se conciencien sobre que su actividad en el terreno puede ir mucho más allá de su buena voluntad de ayudar y de que el impacto de sus acciones puede ser complejo. La presencia de estas organizaciones en zonas que han sufrido una crisis puede ejercer una influencia positiva o negativa para la resolución de dicha crisis, y la diferencia entre una y otra viene marcada por la actuación de cada organización.

Es por ello que la calidad en la acción humanitaria se ha ido configurando como una cuestión que preocupa a organismos internacionales y organizaciones del sector, tanto como a los propios afectados por desastres o conflictos, porque no basta con hacer el bien, si no que hay que hacerlo sin causar daño en el proceso y satisfaciendo las necesidades reales de los afectados. El concepto de "acción sin daño" fue desarrollado por Mary B. Anderson en 1999 en su libro Do no Harm, donde explicaba la importancia de valorar el posible efecto perjudicial de la ayuda sobre los conflictos y resaltaba la necesidad de analizar el contexto de cada situación, para disminuir los factores negativos y fortalecer los que promuevan una solución o transformación.

Las grandes crisis y la respuesta humanitaria a las mismas han sido el motor de las iniciativas de calidad humanitaria. Así, tras el genocidio de Ruanda en 1994, se llevó a cabo una evaluación interinstitucional de la respuesta que la comunidad internacional dio a la crisis. Se dictaminó que la actuación de las agencias humanitarias en el genocidio había sido pobre e insuficiente, sin que nadie se responsabilizara de ello (Urgoiti y Rey, 2007). Esta evaluación fue la más completa llevada a cabo hasta el momento y generó demandas para el aumento de la profesionalización del sector humanitario. Desde entonces, muchas fueron, como iremos viendo, las iniciativas que surgidas para dar respuesta a esta inquietud.

En febrero de 2005 se llevó a cabo otra gran evaluación interagencias (TEC, Tsunami Evaluation Coalition) para evaluar la respuesta de la comunidad internacional al tsunami ocurrido en el océano Índico a finales del año 2004. Los resultados pusieron de manifiesto que, a pesar de que desde el genocidio de Ruanda habían proliferado gran cantidad de iniciativas de calidad en el sector, todavía se seguían cometiendo los mismos errores.

Ya en la evaluación de Ruanda se determinó la necesidad de que las posibles normas o propuestas de mejora no fueran de cumplimiento voluntario, pues esto no era suficiente para garantizar que todas las organizaciones adoptaran unas normas mínimas de calidad (Ericksson et al, 1996). Con la evaluación de la TEC, 10 años después, este punto también fue ampliamente señalado en los informes: los problemas se repiten por la falta de mecanismos de aplicación (Telford y Cosgrave, 2006).

El aumento del interés mediático que se da a las catástrofes y conflictos ha dado más visibilidad a la acción humanitaria, por lo que las instituciones gubernamentales han aumentado la financiación destinada a cuestiones humanitarias. En este contexto, en los últimos años han proliferado muchas ONG que no tienen experiencia ni formación en acción humanitaria. La existencia de estas ONG y la incorporación creciente de oros actores sin experiencia hace necesario la existencia de las estas iniciativas, que tratan de regular la calidad de las actuaciones.

Es por ello destacable, desde esta perspectiva institucional, la creación a principios de los 90 de la Oficina Europea de Ayuda Humanitaria (ECHO) en el ámbito europeo, y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en las Naciones Unidas. Ambas instituciones buscaban fortalecer la respuesta en emergencias, velando porque cada actor que participaba en la acción contribuyera al esfuerzo global y con ello mejorar la eficacia global de la ayuda. Al menos de la proveniente de fondos públicos.

El presente informe trata de explicar las iniciativas de calidad más importantes dando la información más actualizada de cada una de ellas a julio de 2012, con la intención de que el lector tenga una visión amplia del estado de la calidad en el sector humanitario y pueda, de manera crítica, valorar cual es la iniciativa que mejor se adapta a la actividad de su organización, o puede serle útil. La institucionalización de las cuestiones de calidad sigue siendo una cuestión pendiente en el sector humanitario.

El IECAH ha sido promotor en España y América Latina de muchas de estas iniciativas y de las cuestiones de calidad humanitaria a través de investigaciones, actividades formativas, evaluación, consultoría, etc. Ha incidido, asimismo, en la incorporación de las cuestiones de calidad en los diversos documentos programáticos de la cooperación española y de muchos actores de la cooperación, en la convicción de que ello puede contribuir a la mejora del compromiso humanitario del conjunto del sector.

 

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