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El terremoto que ha asolado Haití el 13 de enero de 2010 es, sin duda, una de las mayores crisis humanitarias de los últimos años. Su elevada vulnerabilidad estructural y la grave crisis social, política, económica y de seguridad que vive el país desde hace tiempo han agravado el impacto de esta tragedia. En este contexto, la respuesta internacional a la crisis debe ser multidimensional y sostenida durante un largo periodo de tiempo, yendo más allá de la satisfacción de las necesidades humanitarias más urgentes.

Resulta inquietante que una semana después del seísmo aún haya numerosas personas que no han recibido ayuda, así como que la respuesta de algunos actores sea netamente unilateral y militarista, lo que, por otra parte, no está contribuyendo al aumento de la seguridad sobre el terreno. Ante esta situación el IECAH, como institución que se dedica al análisis de las cuestiones humanitarias y de seguridad desde más de una década, entiende que:


- El protagonismo de la respuesta internacional al desastre debe estar en manos de la ONU, como legítima representante de la comunidad internacional y como principal elemento de coordinación de todos los esfuerzos, tanto civiles como militares, a realizar.

- La ayuda de carácter policial o militar debe canalizarse a través de la misión de paz con mandato de la ONU (MINUSTAH) que, aunque necesitada de refuerzo, cuenta entre sus funciones con la colaboración en la prestación de asistencia. El cometido central de estos actores debe ser la creación de un entorno seguro que permita el acceso a las poblaciones vulnerables y el trabajo de las organizaciones humanitarias.

- El despliegue unilateral de cualquier contingente militar- como, de modo señalado, ocurre con el de Estados Unidos, sin ningún mandato internacional legítimo y sin la necesaria coordinación con MINUSTAH- es una decisión inadecuada.

- Las fuerzas militares deben evitar la realización directa de actividades humanitarias, respetando el quehacer de las organizaciones humanitarias en el terreno, sin interferir en su independencia y sin tratar de imponer ningún tipo de condicionalidad a su labor. Así lo determinan directrices asumidas formalmente por la mayoría de los gobiernos, como la Buena Donación Humanitaria o las Directrices de Oslo.

- El envío coordinado de fuerzas de gendarmería o de policía, tal como ha acordado la Unión Europea, es una opción más adecuada que la fuerza militar unilateral.

- La creación de un entorno seguro para facilitar una respuesta más eficaz a las víctimas pasa, asimismo, por la asistencia inmediata a las fuerzas policiales haitianas, incrementando su capacidad operativa al servicio de la seguridad humana.