al asad

 

Para elperiódico.com

 

Todavía quedan por encajar algunas piezas del rompecabezas sirio, pero Bachar al Asad ya ha logrado en estos últimos tiempos colocar muchas de ellas a su gusto. Hoy sabe que -como resultado de su propia voluntad de resistir a toda costa y del sustancial apoyo recibido por Teherán, Moscú y la milicia libanesa de Hezbolá- tiene el tiempo a su favor.

No solo ha logrado mantener el control del corredor Alepo-Damasco y la franja mediterránea -la "Siria útil"-, sino que ha doblegado a sus oponentes, excepto en la esquina nordeste y la provincia de Idlib. En dicha provincia, fronteriza con Turquía, se cobijan los restos de grupos rebeldes derrotados y expulsados de otras zonas del país -especialmente los yihadistas de Hayat Tahrir al Sham (afiliado a Al Qaeda)-, a la espera de sufrir una ofensiva que puede convertirlos muy pronto en irrelevantes. Mientras tanto, en el nordeste, también fronterizo con Turquía, son las Fuerzas Democráticas Sirias, con las milicias kurdas conocidas como Unidades de Protección Popular (UPP) a la cabeza, las que empiezan a sentir el abandono de Washington, una vez que Donald Trump ha decidido retirar los aproximadamente 2.000 efectivos allí desplegados en su apoyo.

 

Turquía, el actor más sobresaliente

Es ese anuncio el que ha desatado una creciente dinámica diplomática, con un claro trasfondo militar, en la que Turquía es el actor más sobresaliente. Mientras tensa la cuerda con amenazas de una inmediata ofensiva contra las milicias de UPP -a las que Ankara considera una rama local del PKK y, por tanto, terroristas-, el presidente turco se afana por evitar los problemas que esa acción podría causarle tanto con Washington como con Moscú. Con el primero la relación se ha ido haciendo cada vez más compleja, en un juego en el que entra, por un lado, la posible venta estadounidense de cazas F-35 y la extradición de Fethullah Güllen, acusado por Erdogan de liderar el fracasado golpe de Estado del 2016, y, por otro, la amenaza de desencadenar un ataque en cuanto los soldados estadounidenses dejen de proteger a sus aliados locales (UPP). De momento, en su intento de salir del escenario sirio sin dejar un rastro de derrota y abandono de quien ha sido un útil instrumento en la lucha contra Dáesh, Trump ha amenazado a Erdogan con “devastar económicamente” a Turquía si finalmente lanza la ofensiva. Por eso Erdogan, consciente de lo que ya ocurrió en agosto pasado -cuando la lira perdió más del 30% de su valor por el castigo impuesto por Washington-, parece estar virando su posición hacia una operación militar que se circunscriba a la zona más inmediata a la frontera común con Siria, estableciendo una zona tapón de unos 30 km para evitar que las UPP puedan conectar con el PKK y aumentar así la amenaza a la seguridad nacional.

El mandatario se crece con el reconocimiento por parte de los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, y el posible retorno a la Liga Árabe

Pero para eso Erdogan necesita también el permiso ruso y por eso no ha tenido duda en desplazarse hasta Moscú para encontrarse con Vladímir Putin. A fin de cuentas, es Rusia quien, en el marco del llamado proceso de Astana, lleva ya tiempo marcando la agenda en relación con Siria. Sin que haya trascendido lo hablado entre ambos mandatarios, cabe especular con la idea de que, al igual que Moscú dio vía libre a las dos operaciones militares desarrolladas hasta ahora por Ankara -operación Escudo del Éufrates (2016) operación Rama de Olivo (2018)-, lo mismo ocurrirá en esta ocasión, tratando de establecer unos claros límites, dado que el actual plan de Putin pasa por lograr que Damasco vuelva a tomar también el control de esa zona oriental del país. Y un atisbo de esa dinámica ya se ha visto recientemente, cuando las UPP han solicitado directamente al régimen de Al Asad que tome el control de Manbij, ante el temor de sufrir el ataque turco.

En paralelo, también en el frente diplomático Al Asad se ve crecientemente reconocido. No solo mandatarios tan controvertidos como el sudanés Omar al Bashir se ha adelantado a otros que muy pronto vendrán, visitando a Al Asad en Damasco, sino que ya Emiratos Árabes Unidos y Baréin han hecho lo propio, anunciando que se disponen a reabrir sus embajadas en la capital siria. Movimientos que, a muy corto plazo, auguran otros similares, incluyendo la readmisión de Siria en la Liga Árabe, de la que fue expulsada a finales del 2011. Además de un ejercicio de realismo político, el visible acercamiento árabe se entiende como un intento de evitar que tanto Turquía como Irán acaben siendo los socios preferentes de Damasco.

Y así, unos y otros se van haciendo a la idea de que, desgraciadamente, queda Al Asad para rato.

 

FOTOGRAFÍA: LEONARD BEARD