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La temporada de huracanes del año 2017 fue una de las más devastadoras de la historia. Las tormentas María, Irma y Harvey afectaron a más de 4.4 millones de personas, dejaron miles de muertos, cientos de miles de desplazados y cerca de 200.000 millones de dólares en daños.

El impacto sin precedentes abrió un fuerte debate en la región respecto de la prevención y sobre el impacto del cambio climático en la ferocidad de las tormentas. Si la temporada de huracanes se produce en fechas y lugares predecibles: ¿por qué no estábamos mejor preparados?

Para este año, se esperan entre 10 y 16 tormentas - hasta 5 podrían convertirse en huracanes de gran intensidad. “Isaac”, la primer tormenta preocupante de la temporada por su magnitud y trayectoria, avanza por el Atlántico y en unos días pondrá a prueba la capacidad de las islas caribeñas para hacerle frente.

Lecciones aprendidas

Fueron muchas las lecciones que nos dejó la temporada pasada. Se señaló la necesidad de reforzar los sistemas meteorológicos y alertas tempranas, mejorar la coordinación entre actores locales, regionales e internacionales y optimizar la logística para poder llevar asistencia a las islas que queden incomunicadas tras el paso de los huracanes.

En base a esto, los gobiernos del Caribe, junto a organismos regionales como la CDEMA, el movimiento de la Cruz Roja y las agencias de la ONU y varias ONGs tomaron medidas e implementaron programas para fortalecer los mecanismos de preparación y recuperación. Uno de estos programas es el sistema integrado de alertas tempranas para el Caribe.

En Puerto Rico (la isla más afectada por el huracán María el año pasado con miles de muertos y daños por miles de millones de dólares), la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) de Estados Unidos continúa aún las tareas de reconstrucción mientras se prepara para este año. Asimismo, las autoridades de la isla han lanzado la semana pasada un plan de recuperación integral ya que los efectos de María han sido catastróficos y continúan aún hoy afectando la economía y los servicios sociales.

Si bien se habla ya de una mayor resiliencia de las islas, con la llegada de las primeras tormentas se verá cuán efectivos fueron los trabajos de preparación y si los recursos destinados a la optimización de la respuesta han sido invertidos adecuadamente.

La influencia del cambio climático

No existe aún en la comunidad científica una posición común respecto del papel que juega el cambio climático en la frecuencia de los huracanes. Sin embargo, existe consenso acerca de la posibilidad que algunos de los efectos del cambio climático, cómo el aumento del nivel del mar o de la temperatura en los océanos, causen huracanes más intensos y con mayor capacidad de destrucción. Esto ha quedado demostrado en la temporada del 2017, según la ONU y otros expertos.

Pero no se trata solamente de identificar las causas de estas tormentas devastadoras. El debate sobre cambio climático tiene que ver también con la responsabilidad internacional de financiar los costos que estos nuevos fenómenos imponen a los países afectados, tanto en materia de preparación como de daños y pérdidas.

Como sostuvo el Secretario General de la ONU, “las naciones más ricas del mundo son las más responsables de la crisis climática, pero los efectos los sienten en primer lugar y en su peor forma las naciones más pobres y las personas más vulnerables. Ya vemos esta injusticia en el ciclo incesante y creciente de sequías extremas y tormentas cada vez más poderosas”. El gobernador de Barbuda, una de las islas arrasadas por los huracanes en el 2017, fue aún más lejos, sostuvo que “la evidencia de un recalentamiento mundial es irrefutable” - y agregó - “somos los menos contaminantes pero las mayores víctimas” de la contaminación. ¿No deberían los países industrializados compensar a los países afectados?

La discusión sobre “daños y pérdidas” constituye uno de los ejes de mayor tensión en el proceso de negociación sobre cambio climático. En el acuerdo de París de 2015, se consiguió incluir un artículo (artículo 8) sobre este punto, aunque sin mayores precisiones sobre medidas concretas a tomar debido a las sensibilidades políticas. En la conferencia del año pasado (COP23), como consecuencia del impacto de los huracanes en pequeños países del Caribe, el debate se centró sobre esta cuestión y se acordó ampliar y extender el trabajo del “Mecanismo de Varsovia”, que es el encargado de proponer soluciones a la cuestión de las compensaciones.

En este contexto, algunos países del Caribe recibieron una compensación por 50 millones de dólares como parte de un seguro regional contra las catástrofes - aunque esto representa solamente una pequeña parte de las pérdidas reales. Se necesitarán más sistemas y propuestas que permitan equilibrar la responsabilidad de los países industrializados contra la de los afectados. Algunos estados insulares están debatiendo recurrir a la justicia internacional para buscar compensaciones. Las negociaciones son continuas. Esta semana, la Cumbre Mundial de Acción Climática que se lleva a cabo en la ciudad de San Francisco, intentará abordar algunos de esos temas. Sin dudas, los efectos de Isaac y las tormentas que le sigan tendrán un profundo efecto sobre el foco del debate. Por ahora, la única prioridad es proteger la vida de los que se encuentran en la zona de influencia del huracán durante los próximos días.