Actualidad

El Acuerdo de Paz alcanzado entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) el pasado 24 de noviembre de 2016 y el inicio de los diálogos formales con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en febrero de 2017, abren perspectivas de construcción de paz en Colombia como nunca antes en la historia. Pese a los altibajos que todo proceso de paz habitualmente tiene, y en este caso también los ha habido y los habrá, la posibilidad de construir una paz estable y duradera en el país son ahora más reales. Desde nuestro Instituto hemos seguido desde hace años la evolución de la situación humanitaria y de negociación de la paz en Colombia y colaborado con muchas organizaciones que han trabajado para construir la paz incluso en medio del conflicto. Por ello, hemos saludado con alegría los cambios que en el país se están produciendo y puedan producirse. Y seguimos trabajando para que la paz se consolide.Dentro de los fines de nuestro Instituto está el de contribuir al conocimiento de las realidades conflictivas que se viven en nuestro mundo y de los esfuerzos a favor del fin de las violencias y las iniciativas de paz. En esa línea, cuando Enric Gonyalons nos propuso publicar el trabajo que había realizado sobre la historia de procesos de paz en Colombia, incluyendo el último con las FARC-EP, nos pareció plenamente pertinente y nos pusimos a la tarea.Queremos en esta breve presentación agradecer a Enric su ofrecimiento y esperamos que esta colaboración continúe en el futuro. Las opiniones y valoraciones sobre muchos de los temas que contiene la publicación son las del autor y no son, necesariamente, compartidas en su totalidad por nosotros. Creemos, en cualquier caso, que son justificadas adecuadamente y con el rigor necesario para su publicación.Esperamos que el trabajo que ahora publicamos sirva para entender mejor la historia de los intentos a favor de la paz en la historia colombiana y los retos a los que se enfrenta el país en el futuro.

“Ya está disponible el vídeo completo del Seminario Web: La protección en el ámbito humanitario: Definiciones y debates actuales , con Luis Enrique Eguren Fernández, celebrado el 11 de abril de 2019.

Para reproducir el vídeo completo, por favor haz click aquí

Enrique Eguren, médico y experto en protección, con un Master NOHA en Acción Humanitaria Internacional y un Diploma de Postgrado en "Estudios Estratégicos, de Seguridad y Defensa". Candidato a Doctor y profesor asociado en el Instituto de Derechos Humanos. Director de la Unidad de Políticas, Investigación y Formación de Protection International (Bruselas).

Co-Director del Diploma de Postgrado en "Proección Integral de Defensores de Derechos Humanos y Activistas Sociales" en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla, España).

Este seminario web se enmarca dentro del itinerario del DIPLOMA DE SEGURIDAD, PROTECCIÓN Y NEGOCIACIÓN HUMANITARIA del IECAH.

Netanyahu se reunirá en Brasilia con presidentes de Chile y Honduras

Para eldiario.es


El progresivo corrimiento hacia la extrema derecha del electorado israelí queda reflejado en el hecho de que Gantz y los suyos sean vistos como representantes del centroizquierda.


 Los regalos de Donald Trump y sus promesas de última hora (anexión de todos los asentamientos ilegales) han permitido a Netanyahu lograr una exigua ventaja sobre su principal oponente.


Aunque sus protagonistas siempre tienden a exagerar su significación, las elecciones celebradas en Israel el pasado día 9 no van a pasar a la historia por su especial relevancia. De hecho, si hay que mencionar algo realmente sobresaliente en la agenda israelí de estos días habría que referirse al alunizaje de la sonda Bereshit (Génesis), que convierte a Israel en el cuarto país que logra tal proeza tras Estados Unidos, Rusia y China.

Por lo que respecta a las elecciones casi todo ha respondido a lo esperado, incluyendo la victoria de Benjamin Netanyahu, ya a punto de sobrepasar a Ben Gurion como el primer ministro más longevo de Israel. Para empezar, los votantes no se han sentido especialmente llamados a las urnas y de ahí que la participación haya caído del 72% en 2015 al actual 68%.

Especialmente significativa ha sido la escasa movilización del electorado árabe israelí, a buen seguro desmotivado por la Ley del Estado-nación, que desde julio pasado define a Israel como el Estado del pueblo judío y que, por tanto, convierte definitivamente a una comunidad de 1,8 millones de personas en ciudadanos de segunda categoría.

Otra de las razones de esta escasa movilización árabe se debe a la fragmentación de la Lista Conjunta, que en la anterior legislatura había llegado a convertirse, con 13 escaños, en la tercera fuerza parlamentaria y que ahora se ha presentado dividida en dos coaliciones: Hadash-Taal (que ha conseguido 6 diputados) y Raam-Balad (4), desgraciadamente irrelevantes en la sesgada política nacional.

En cuanto al voto israelí, los miembros de la coalición Kahol Lavan (Azul y Blanco) –liderada por el exgeneral Benny Gantz, al frente de Hosen L'Yisrael (Partido de la Resiliencia de Israel), junto a Yair Lapid, líder de Yesh Atid (Hay Futuro), y Moshe Ya'alon, líder de Telem– pueden lamer sus heridas con el consuelo de haber logrado nada menos que los mismos 35 escaños del Likud, siendo una coalición formada hace menos de dos meses y con un sistema tan ultraproporcional como el israelí.

Pero seguramente eso no les quitará la frustración de haberse quedado a las puertas del poder. No deja de resultar suficientemente clarificador del progresivo corrimiento hacia la extrema derecha del electorado israelí el hecho de que Gantz y los suyos sean vistos como representantes del centro izquierda, cuando no han tenido reparos en jactarse del uso de la violencia contra los palestinos, y de que el propio Netanyahu alardee de ser el factor moderado de su gabinete.

Tampoco ha sido sorpresa alguna la confirmación de la debacle de los laboristas, que han visto reducida su fuerza parlamentaria de 24 escaños (obtenidos en 2015 en coalición con Hatnuah) a tan solo 6. Lo mismo cabe decir de los partidos religiosos judíos, siempre capaces de movilizar a su fiel y creciente electorado para garantizar su presencia en cualquier gabinete ministerial, sea cual sea el partido que lo lidere.

Tanto el partido askenazi Yahadut Hatorah (Judaísmo Unificado de la Torá) como el Shas (Asociación Internacional de los Sefardíes Observadores de la Torá) han obtenido 8 escaños, aumentando su representación en dos y uno, respectivamente.

Visto así, el próximo gabinete –a la espera de que Avigdor Liebermann obtenga una compensación a la altura de sus exigencias para sumar sus cinco escaños al resto de los partidos que ya estaban en el anterior– puede contar con una cómoda mayoría de 65 diputados (de un total de 120). Pero sería equivocado suponer que eso allana el camino de un Netanyahu seriamente desgastado y al que solo los regalos de Donald Trump (embajada en Jerusalén, reconocida como capital israelí; cierre de toda relación con la Autoridad Palestina; negación de fondos a la UNRWA; reconocimiento de los Altos del Golán sirios como territorio israelí) y sus propias promesas de última hora (incluyendo la anexión de todos los ilegales asentamientos de Cisjordania) le han permitido lograr una exigua ventaja sobre su principal oponente.

A partir de aquí, un Netanyahu que no hace ascos a compañías tan poco recomendables como ultraderechistas tendrá, en primer lugar, que hacer frente a sus propios problemas con la justicia, encausado ya en tres procesos (que pueden ser cuatro a corto plazo) por soborno, fraude y abuso de confianza.

Además, queda por ver cómo logrará mantener el apoyo de los partidos religiosos si vuelve a plantear la aprobación de la ley que elimina la exención del servicio militar obligatorio a los estudiantes de las yeshivas (que ya fue una de las principales causas de la ruptura de la coalición gubernamental en la anterior legislatura). De igual modo, se enfrenta al reto de lograr la reactivación de una economía que se ha ido deteriorando desde la segunda mitad del pasado año.

Por otro lado, en lo que se refiere a los asuntos regionales, solo cabe prever que la estrategia de hechos consumados tan querida por Netanyahu siga provocando el aumento de la tensión con Irán y Siria. Mientras tanto, los palestinos no pueden esperar nada bueno de la confluencia de intereses entre Tel Aviv y Washington, a la espera de un supuesto plan de paz que puede añadir más leña al fuego.

En definitiva, todo sigue (para mal) dónde lo habíamos dejado cuando Netanyahu decidió dar por finalizada la vigésima legislatura en el pasado diciembre. Sin novedad en el frente.

FOTOGRAFÍA: Netanyahu vuelve a ganar las elecciones de Israel. EFE

La marcha de la ¿victoria? de Haftar en Libia. Yacimiento petrolífero de El Sharara, Libia. Foto: Javier Blas (Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0). Blog Elcano

Para el Blog Elcano

En una clara demostración de desprecio hacia la ONU –mientras su Secretario General visitaba el país– y de falta de credibilidad personal –tras haber acordado con el presidente del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), Fayez al Serraj, una solución política al conflicto a finales de febrero en Abu Dabi– el mariscal Khalifa Haftar ha lanzado a sus milicianos contra Trípoli. De este modo se aleja aún más cualquier posible arreglo para sacar a Libia del caos en el que lleva sumido desde la caída del régimen de Gaddafi, en octubre de 2011.

En realidad, poco puede sorprender un movimiento como el que Haftar lleva a cabo desde el pasado día 4, avanzando con unos 25.000 efectivos del Ejército Nacional Libio (ENL) en varias direcciones desde Aziziya (a unos 50km al sur de la capital), Zawiya (a 40km al oeste) y la ruta costera que enlaza al este con Misrata. Desde que en 2014 el antiguo aliado (y posterior disidente) de Gaddafi y supuesto interlocutor de la CIA lanzó la operación “Dignidad”, el tiempo le ha ido permitiendo convertirse en el hombre fuerte de la región oriental de la Cirenaica (en sus manos desde el verano de 2017, cuando logró retomar Derna). Desde esa posición, y aunque formalmente diga someterse a la autoridad del gobierno de Tobruk, los hechos demuestran que solo obedece sus propias consignas.

A esa posición ha llegado gracias al apoyo externo de Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí y, como mínimo, la complacencia de Francia y Rusia. Eso le ha permitido liderar un ENL que es la milicia más poderosa de las decenas que siguen activas en el país, conformada por una heterogénea amalgama de actores combatientes de todos los perfiles imaginables, incluyendo (aunque parezca paradójico si se tiene en cuanta su discurso anti islamista) grupos salafistas. Así, mediante acciones de combate y cooptación de grupos locales, interesados en sumarse a quien crecientemente perciben como un caballo ganador, ha logrado hacerse también con el control de importantes yacimientos de hidrocarburos, incluyendo hace apenas dos meses los relevantes campos de Sharara en la región sureña de Fezzan.

A su “Marcha de la victoria” se le opone una nueva coalición de fuerzas progubernamentales que acaban de lanzar la operación “Wadi Doum 2”, así bautizada irónicamente como recuerdo de la derrota que sufrieron las tropas libias comandadas por el propio Haftar en 1986 en el aeropuerto chadiano de ese nombre. Entre sus principales participantes destacan las milicias de Misrata y Zawiya, que ya en ocasiones anteriores se han alineado con Serraj en su desesperado e infructuoso intento por lograr que el GAN sea efectivamente reconocido como la única autoridad del país. Aunque su rendimiento en el campo de batalla les ha permitido en años pasados lograr algún éxito puntual, hoy no solo parecen debilitadas por falta de apoyos externos tan poderosos como los que se alinean tras las fuerzas de Haftar, sino que conviene no olvidar que todavía hace siete meses se enfrentaron entre ellas mismas por el control de Trípoli.

Ante esta situación, y por mucho que se repita (con razón) que no hay solución militar al conflicto, todo parece indicar que Haftar está decidido a lograr su propósito de convertirse en el factótum de Libia. La única duda que ahora mismo cabe plantearse es si el uso de la fuerza es su instrumento definitivo para lograrlo, conquistando la capital en un asalto que puede costar aún mucho sufrimiento, o si únicamente está llevando a cabo esta demostración militarista para lograr una posición de mayor ventaja en las mesas de negociaciones que se avecinan.

Por un lado, el próximo día 14 está previsto en Gadamés el inicio de la Conferencia Nacional que Haftar y Serraj se habían comprometido a promover para elaborar una nueva Constitución y acordar un calendario de elecciones para antes de finales del presente año. En paralelo a su actual ofensiva, Haftar ya ha dado a entender que no piensa asistir a la reunión, lo que automáticamente desbarata nuevamente los esfuerzos que viene realizando el enviado especial de la ONU, Ghassan Salamé, y hunde aun más a Libia en un abismo de violencia para el que no se adivina final. En esas circunstancias de poco puede servir la petición del Consejo de Seguridad de la ONU para que el ENL detenga el avance y mucho menos la conferencia de reconciliación anunciada por la Unión Africana para el próximo mes de julio en Adís Abeba.

Haftar, con el forzado argumento de estar luchando contra el terrorismo, ya controla las dos terceras partes de Libia y ve cada vez más cerca el momento en el que pueda imponer su dictado. Aun así, se equivoca si cree que su actual marcha conduce a la victoria.

FOTOGRAFÍA: Javier Blas (Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0).